Tanto Gloria Álvarez como Agustín Etchebarne —que es quien escribe la mayor parte de sus guiones e ideas— se expresan con falacias lógicas, de ahí que sus discursos sean tan persuasivos. En efecto, muchos de sus argumentos parecen válidos, pero no lo son. Son engañosos y basta un curso de lógica para poder comprender por qué.

En el caso específico de México, no sólo tuercen sus premisas según les convenga y les paguen, sino que hablan desde la ignorancia y de ahí que sus argumentos nazcan tullidos. Y es que para hablar de asuntos de política en México se requiere de un dominio de la historia de nuestro país. Esto, por supuesto, no les invalida para dar su opinión, pero si limita sobremanera su discurso.

De entrada, acusan a López Obrador de ser el gran «populista» de México, equiparándolo con figuras representativas como Evo Morales, Hugo Chávez, Nicolás Maduro o Fidel Castro. Y aquí es donde se gesta la falacia, el argumento torcido a conveniencia. Y es que el fenómeno que representa López Obrador no puede comprenderse a fondo sin tener un dominio de la historia de México y de su idiosincrasia. Y dudo que Gloria o Etchebarne lo tengan, toda vez que hablan desde una generalización del «populismo» como si todos los países que hablan español fueran lo mismo, se comportaran igual y desearan las mismas cosas.

Entiendo que no es su obligación conocer nuestra historia, pero soy de la opinión de que si tienes el valor de dar un dictamen acerca del acontecer de un país que no es el tuyo, lo menos que puedes hacer es informarte y, en lo posible, dominar el tema.

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En ese sentido, no creo que se hayan tomado la molestia de investigar más allá de Wikipedia y estoy seguro que ignoran quiénes fueron Juárez, Madero o Cárdenas o por qué son figuras tan importantes en el devenir de nuestra política. Esto es fundamental, pues la influencia de estas figuras históricas se contrapone al «populismo» bolivariano que pretenden atribuirle al tabasqueño.

De ahí, que caigan en una simplificación del asunto y terminen por llegar a conclusiones equivocadas: https://mx.blastingnews.com/politica/2017/11/las-equivocaciones-de-gloria-alvarez-reflejan-los-errores-de-pena-nieto-002143185.html [VIDEO] Repito, sus argumentos llevan algo de verdad, pero se tuercen a conveniencia.

López Obrador no representa al «populismo» que Gloria Álvarez describe

En principio, quizás, habría que entender qué es en específico lo que Álvarez y Etchebarne entienden por «populista», ya que no existe una definición clara de este término que se ajusta a todo y no define nada. Por lo mismo, se aplica según convenga y lo mismo puede llegar a definir al Gobierno de Donald Trump que al de Barack Obama —este último, incluso, autonombró públicamente su gobierno como «populista»—.

En términos generales, Álvarez y Etchebarne hablan de «populismo» como sinónimo de venezolización, que no es otra cosa sino el coco con el que se espanta hoy en día a todas las democracias —como ocurrió en las últimas elecciones en Colombia—. Actualmente, la palabra «populismo» es sinónimo de «Nos vamos a convertir en Venezuela». Tiene una connotación negativa y peyorativa, una intención fatalista.

Ahora bien, al describir a López Obrador como un «populista» que sigue los pasos de Chávez o Maduro se equivocan, y su primer error se basa en que consideran que la política en México transcurre como en cualquier otro país de América Latina. Tal argumento es sólo equiparable a orinarse fuera de la bacinica. Y es que si algo ha caracterizado a nuestro país es que, históricamente, ha intentado desmarcarse de América Latina tanto como le ha sido posible. Solemos mirar a Centro y Sudamérica como regiones menos civilizadas que la nuestra y nos negamos a aprender de ellos y compartir experiencias. Por ello, en principio, ningún aspirante o gobernante mexicano pensaría siquiera en emular ideas procedentes de tales latitudes.

Quizás nos cueste confesarlo, pero siempre hemos visto hacia el Sur por encima del hombro, como si fuésemos un país privilegiado únicamente por que pertenecemos a Norteamérica.

¿Cuántos mexicanos se ofenden cuando al hablar de Norteamérica nos excluyen? Incluso, el nombre oficial de nuestro país sugiere este deseo inconsciente de identificarnos más con los gringos que con nuestros hermanos latinoamericanos. Paradójicamente, de la misma forma en que menospreciamos el Sur, Estados Unidos nos menosprecia a nosotros.

Así pues, no podemos entender la forma en la que hacemos política sin considerar la extensa relación amor-odio que tiene nuestro Ogro Filantrópico con el Gigante del Norte. Y de la misma forma en que nuestro EZLN no se parece a las FARC, ni el régimen priista se asemeja a ninguna dictadura militarizada de América Latina —por más que Vargas Llosa insista en que se trata de una dictablanda—, las pretensiones político sociales de López Obrador no pueden encontrar un reflejo en el «populismo» de Venezuela o Bolivia, por el simple hecho de que la gran influencia de López Obrador no se encuentra en Bolívar, ni en José Martí, ni en ningún pensador de influencia marxista.

López Obrador pretende emular a Madero y a Juárez, no a Bolívar

La influencia de López Obrador son Madero y Juárez. Ambos masones. Y eso ya dice mucho de sus pretensiones políticas. Ni Madero ni Juárez podrían ser considerados «populistas», al menos, no en estos términos maniqueístas que Álvarez y Etchebarne nos quieren hacer entender.

López Obrador busca la solución para México en México. En ningún otro lado. De ahí que considerar la intención «populista» de López Obrador como parte de una corriente latinoamericana basada en ideas socialistas, sea una concepción equivocada. Aquel que equipara a López Obrador con Chávez es, o muy ignorante, o muy malintencionado. Y es que México posee sus propias tragedias, sus propios descalabros históricos. Algunos de ellos los seguimos pagando.

Por otro lado, olvidamos que México no puede ser como Venezuela. En principio, porque:

  • México posee instituciones sólidas. Corruptas, muy corruptas, pero sólidas. Esto lo debemos, en gran medida, a que nuestra mal llamada Revolución se institucionalizó. Los ideales revolucionarios han sido depositados en organismos, no en personas o caudillos.
  • México tiene una división clara de poderes y todos ellos tienen un peso importante en el acontecer político. Nuestro sistema democrático, aunque con fallos, promueve el contrapeso político y la participación ciudadana.
  • López Obrador no pretende la reelección —de nuevo, uno de los ídolos de López Obrador es Madero, el padre del «sufragio efectivo, no reelección»—.
  • Tampoco se pretende la derogación de la Constitución. El cinco de febrero es una de nuestras fechas más importantes. Porque, aunque no lo crean, no todo en México es cinco de mayo. En nuestro país, la promulgación de la Constitución tiene tal relevancia que impide, en gran medida, que ocurran regímenes dictatoriales. Quizás otro intento de identificación con Estados Unidos, ya que nuestra Constitución es considerada tan inquebrantable —al menos en el papel— como su equivalente norteamericana.
  • En México, el último golpe de Estado, digno de considerarse así, ocurrió con la decena trágica, en 1913.

Y tomando en cuenta este último punto, debemos reconocer que López Obrador, aún perdiendo dos elecciones, jamás se ha levantado en armas. Por el contrario, dejando de lado sus exabruptos —«al diablo las instituciones», por ejemplo—, si hay alguien en México que ha respetado el proceso democrático es el mismo López Obrador. Si no, ¿cómo se entiende que lo esté intentando por tercera vez? De hecho, me parece que cree tanto en las reglas del juego que por eso vuelve a participar en él. Cualquier otro, con el impresionante movimiento social que le respalda — https://mx.blastingnews.com/politica/2018/05/la-amlomania-aumenta-cada-vez-mas-en-mexico-002576717.html [VIDEO]— ya se hubiese levantado en armas si su pretensión fuese, en verdad, subversiva. Lo más que llegó a hacer fue un berrinche en Paseo de la Reforma y una simbólica toma de protesta —de pena ajena, por cierto— en el Zócalo.

En conclusión

En conclusión, las propuestas e ideología de López Obrador no se entienden si no se comprende la importancia de las leyes de Reforma, de la revolución de Zapata, del maximato, de la revolución cultural de José Vasconcelos, del surgimiento del PRI o del periodo de gobierno casi socialista de «El Tata» Cárdenas. ¿Por qué? Porque la pretensión manifiesta de López Obrador es hacer eco de tales transformaciones tan significativas para nuestro país. Nada más alejado de Bolívar o Marx.

Ahora bien, el tabasqueño tiene sus virtudes y su defectos, es cierto. Pero los argumentos que plantean Gloria Álvarez y Etchebarne sobre sus intenciones no pueden estar más equivocados. En mi opinión, son tramposos y se acomodan según el foro en el que los expresan. En todo caso, lo único que se les podría pedir es que, antes de andar levantando acusaciones, conozcan más a fondo de lo que hablan, pues ningún país se puede encajonar en una teoría, así como ninguno de ellos se agota con la definición de un libro o con unos cuantos artículos consultados en Wikipedia.

En el caso particular de México, nuestra idiosincrasia no puede explicarse con base a lo que se pretende saber de otros países, ya que esto resulta un tanto simplista y, sobre todo, ingenuo. No todo entra en el calzador de la lucha bolivariana que, dicho sea de paso, aquí poco se conoce.

Finalmente, escribo sobre esto porque me resulta muy importante por los tiempos que vivimos. En estos momentos de gran actividad política, lo que debemos intentar es tender puentes para comprendernos. Comunicarnos. Y nada impide tanto la comunicación como las falacias. Ahora que, quizás, Gloria y Etchebarne no lo hagan de mala fe sino que hablan de esta manera porque no les alcanza para más.

Lo suyo quizás sea limitarse a hacer videos de YouTube y cobrar por sus conferencias. Lo de Gloria —que es quien da la cara en la mayoría de los casos—, lo suyo tal vez sea repetir ideas que otros le dictan. Incluso si tan sólo fuera un portavoz de Etchebarne, ¿qué más da? Al fin y al cabo, las opiniones huecas están de moda y, entre más vistosas, mejor. Siempre hay un mercado para los argumentos endebles.

Por supuesto, ambos son libres de expresar su opinión y, en algunos casos, tendrán razón. En este caso en particular, considero que se equivocan y la gente que les escucha debe saber por qué. En general, sus argumentos, si los analizamos a fondo, suelen ser huecos y únicamente se sostienen por la adulación de quienes les siguen y los contratan. Después de todo, la vanidad suele ser el vicio de los ignorantes.