En la Ciudad de México se está viviendo el principio del pánico frente a la reciente pandemia del COVID-19 (Coronavirus) ya que hasta el momento se han registrado 6 decesos y 475 infectados, cifras que quizá no serían generadoras de temor si se vieran aisladas de las estadísticas mundiales que se han mostrado a través de las noticias, reportajes y demás artículos periodísticos con la intención de concientizar a las demás naciones y evitar el contagio de esta terrible enfermedad. No obstante, ¿alguien se ha puesto a pensar en las consecuencias psicológicas de esto?

Los hechos dicen más que mil palabras

No es necesario recalcar que enfrentaremos tiempos difíciles dado que nos encontramos ante la consecuencia del constante egoísmo, descuido y desinterés humano por proteger su ambiente y todo lo que le rodea que, como hemos visto a nivel mundial. Pandemia tras pandemia el terror nos ha llevado a implementar medidas extremas, con el afán de sobrevivir. En esta época, el mal uso de las redes sociales no ha hecho más que empeorar la situación pues desde el inicio de año hasta la fecha, hemos visto un sin fin de videos que se han hecho virales en donde se muestran las condiciones infrahumanas en las que están siendo atendidos los miles de infectados de Coronavirus, hasta este punto algunos pensarán que el fin justifica los medios, sin embargo, qué tan primitiva y brutal debe estar volviéndose nuestra mente para considerar la muerte de unos pocos como algo "necesario".

¿Es que en serio no existen medidas suficientes para tantos enfermos? La respuesta es no. Y es que a pesar de que los gobiernos alrededor del mundo han tratado de enviar un mensaje esperanzador a sus pobladores, los hechos dicen mucho más que los largos discursos a los que nos han sometido

En México, el temor crece cada día gracias a la falta de información y transparencia

Hay mucha desinformación con respecto al tema del Coronavirus, es clara la forma en la que el virus se cuela entre la población, la facilidad con la que se transmite es una realidad, desafortunadamente el presidente de esta nación ha decidido mantener la calma del modo más irresponsable al invitar a la población a que haga caso omiso a las recomendaciones proporcionadas por la Organización Mundial de la Salud sobre el resguardo durante esta cuarentena, ha evitado enfrentar a los medios y declarar un estado de emergencia real; si bien ya ha decretado la Fase 2 de esta contingencia, su discurso realmente no incluye un mensaje de aliento o protección para sus ciudadanos.

El presidente ha declarado frente a las cámaras que porta "amuletos" para cuidar de su salud y de este modo detener el virus, lo cual no sólo crea indignación en cierto porcentaje de la población, sino que crea desconcierto e incertidumbre, pues como se ha visto a lo largo de la historia, el pensamiento mágico, en términos reales y sin afán de ofender las creencias de esta audiencia, siempre ha creado caos.

Los efectos dañinos en la mente del ser humano que no sabe a lo que se enfrenta y no tiene la certeza de un hecho, lo llevan a lugares oscuros dentro de su mente, es incluso irónico saber que el complicado desarrollo de la mente humana a lo largo de la vida se centre en educarse, crear su propio criterio, ser coherente y saber enfrentar las adversidades por sí mismo, se vea totalmente desfasado al desembocar sus instintos más crueles, violentos e incluso destructivos ante la crisis que envuelve a esta sociedad.

La desinformación ha provocado el desabasto

Durante la cuarentena, la cual cabe aclarar que solo a algunos sectores de la población mexicana se les ha impuesto, está provocando las llamadas compras de pánico, en las que ante el desconocimiento de los efectos del COVID-19 ha llevado a la gente a adquirir grandes cantidades de papel higiénico, paquetes de gel antibacterial, comida y demás insumos en exceso claramente dejando a otro sector de la población sin la capacidad de adquirir esos insumos que necesitarán también, esto crea la incógnita, ¿porqué hemos decidido pensar primero en nuestro bienestar individual y no empatizar con la persona que tenemos a un lado?

Es lógico que si uno toma más productos de los que va a necesitar, el siguiente comprador hará lo mismo, el siguiente igual, así hasta que algún desafortunado no encuentre nada.

En sus tratados sobre la "Psicología de las masas y el análisis del Yo" el afamado doctor Sigmund Freud nos explica que las multitudes enfrentan un proceso mental que borra temporalmente cualquier tipo de racionalidad, desaparecen los estándares de responsabilidad y control de impulsos, se vuelve irritable, primitiva, feroz e incluso violenta cuando se ve en la necesidad de conseguir su objetivo, en este caso ante la idea de que no podrá salir con normalidad a comprar y abastecer su hogar, el principal supuesto es "debo tomar todo lo que necesito antes de que me lo ganen" cayendo en un círculo sin fin.

Es curioso que, incluso al caer ante la seducción de la rebelión en masa, el individuo como tal carece de confianza pues en el fondo su estructura mental pende de un hilo al evocar en sí mismo la deshumanización de sus acciones, conoce la consecuencia de ello, el día de mañana quizá se acaben dichos insumos y ¿de dónde sacaría más?

Es claro el ejercicio que debe realizarse estando aún a tiempo, evitando comprar más de lo necesario, evitando incluso consumir más de lo que se requiere; efectivamente el reto es desafiante pues el aislamiento genera ansiedad, la ansiedad a su vez nos hace consumir alimentos aunque no tengamos hambre, pero si logramos organizar nuestras actividades de manera responsable adecuándonos al aislamiento, no dejándonos llevar por el descontrol y la psicosis colectiva, es más probable que siendo solidarios entre nosotros salgamos adelante de esta pandemia dado que quizá no contemos con el apoyo de nuestras autoridades el día de mañana.

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