Tener una banda o proyecto musical de rock y no tener a The Beatles en el apartado "influencias" resulta no sólo un error, sino hasta una situación imperdonable. Y aunque la tiránica condición no haya salido nunca de boca de la agrupación, esta se convertiría en el símbolo, que la sostiene todavía cincuenta años después de su separación.

El 10 de abril de 1970, Paul McCartney emitía un comunicado anunciando su separación definitiva, luego de una serie de problemáticas, que incluían sus conflictos familiares, sus diferencias musicales y sus situaciones financieras; tan sólo un año después de la realización de Abbey Road y unos meses antes de la distribución, que incluía su último concierto en vivo en las oficinas de Apple.

Con su adiós se ponía fin a una de las bandas de rock más famosas de todos los tiempos, así como un "punto y aparte" a la historia de este género, que todavía tendría un muy amplio terreno que explorar, pero que tendría su base en ese tiempo, como una de las épocas más florecientes.

Y es que aunque el género había tenido un brillante inicio, que lo había colocado en el gusto de una gran mayoría del público juvenil, fue con la "Invasión británica" liderada por el cuarteto de Liverpool que este se popularizaría, primero gracias a los avances en los medios de difusión, luego en los de la distribución, producción y reproducción de la industria musical en crecimiento.

‘God save The Beatles’

¿Pero qué parte es el mito y qué parte la realidad de lo que realmente sembraron en el terreno del rock?

Si se cuestiona cuáles son las principales bandas de la historia del rock, un amplio porcentaje mencionará a The Beatles en esta lista, ya sea que tengan "formación" (lo que sea que eso signifique) en el género o no.

Sin embargo, una cosa es la popularidad y otra la realidad, ya que durante la década en que estuvieron activos una amplia lista de géneros derivados del rock, y sus respectivos representantes, surgieron como "margaritas" en el amplio terreno, dejando una fértil tierra, que podría ser aprovechada, hasta nuestras generaciones.

Resulta injusto, pues, sacralizar a esta banda como la de los "padres del rock" dejando de lado a grupos como The Kinks, The Rolling Stones, The Beach Boys o The Animals, que surgieron por los mismos años con tanta o hasta mayor calidad (a expensas de lo que puedan decir los beatlemaníacos), que la del consagrado cuarteto.

La escena mutaba todo el tiempo, así como la experimentación de los sonidos, gracias a la cual nuevos subgéneros (o géneros, nadie se pone de acuerdo en este punto) brotaban e inundaban los escenarios, mismos que los propios Beatles anexarían y les permitirían mantener su lugar en la cúspide del éxito, pero que también serían los codiciados diamantes que, al madurar su sonido, buscarían explorar y perfeccionar cada uno por su cuenta.

Cuando llegó el fin de la "sagrada banda", tal como la historia cultural parece habernos enseñado, fue posible el despegue de una nueva era, donde grupos que ya llevaban tiempo en el escenario, ascenderían para "aminorar" la pérdida de quienes hasta ese momento se habían coronado, como los reyes supremos de la cadena.

‘Desbeatletizarse’

Triste o afortunadamente (es difícil adjetivar los hechos históricos) más allá de su talento musical o de su capacidad creativa, The Beatles pasó a la historia por el fenómeno de popularidad que desencadenó: la llamada "beatlemanía", una manifestación de fanatismo exacerbado que, aunque positivo para la industria musical o para el cuarteto en su época preponderante, al paso del tiempo se ha convertido en una especie de dogma insuperable para bandas, críticos, escuchas y demás agentes dentro del medio musical.

La adulación desenfrenada permeó en la banda permitiéndoles convertirse en una leyenda, pero imposibilitando la objetividad (si esta existe de alguna forma) para explorar sus ritmos, así como los de otras bandas de la época, y que todavía - hasta hace algunos años - dificultaba el análisis a los escuchas de las nuevas generaciones.

Esta es una de las reglas que se ha cumplido a lo largo de la historia del rock, en la que hablar de un grupo, canción o disco sólo pueda realizarse con un sentido positivo y que, tal vez, a 50 años del fin de la icónica banda londinense de donde surgió tan maléfico estatuto, por primera vez, sea tiempo de arrancar completamente.

Humanos, al fin y al cabo, los Beatles tuvieron aciertos y desaciertos a lo largo de su tiempo en el escenario; ya es hora de revisitarlos tanto a ellos como a los grupos de la época con una mirada más clara y "desbeatlesada", que permita observar las amplias ramas surgidas de este poderoso tronco, que creció de especial manera durante estos años, como se hacía mención: por los avances en difusión, producción, distribución y reproducción que se dieron.

El tiempo por delante

En mera época del coronavirus la reflexión del tiempo es una constante, a esto, habría entonces que pensar sobre los 50 años, que cumple (por decirlo de alguna forma) una de las etapas más fuertes del rock, ¿cómo se ha modificado de ese cuarteto bien vestido, bien peinado y bien hablado a la amplitud de escenarios que se abren ahora?

Aunque los nombres de bandas como AC/DC, The Doors, Led Zeppelin, Queen, The Cure, Nirvana, The Strokes, y un gran etcétera han aportado su granito a las arenas del tiempo, como sucedió en la época beatletiana mucho se deja de lado para que el reflector sólo apunte a estas voces, sacralizando su legado e imposibilitando su evolución.

Es por ello que parece primordial, que para que el tronco continúe su crecimiento, se depure de las ramas ya secas, no ya exterminarlas de tajo, sino transformarlas en un fertilizante que permita un segundo giro a la espiral de las nuevas generaciones, las cuales ahora crecerán con una amplia gama de nutrientes, que no tienen porque surgir de una "marca Acme".

Son 50 años de uno de los "hitos" del rock, creado o no, que deja en el aire la pregunta: “¿qué ha pasado con el rock ahora?”, a la que algunos responden “ha muerto”, precisamente por la creencia ciega en leyendas estructuradas por una tiránica esfera, que impide la ampliación del criterio estético que lo juzgue, lo mastique y lo escupa o lo comparta.

A cinco décadas de altura es factible cuestionar: ¿vale la pena alimentarlo, podarlo y reverdecerlo o es momento de talarlo de tajo?

¡No te pierdas nuestra pagina de Facebook!!