“A cada tiempo su Arte y a cada arte su libertad”; así reza el pabellón de exposiciones de la Secesión de Viena construido en 1897, época en la que el cambio ya se erigía como uno de los principales motores del arte y la renovación de los estilos del pasado y con su adaptación al presente, se levantaba como una de las primeras consignas.

El tiempo ha cambiado y por todos lados se pregona que “las situaciones son diferentes”, lo cual es cierto, y parte de ello lo recuerda el encierro que se atraviesa actualmente para evitar la propagación del coronavirus Covid-19 pues, aunque antes las personas eran conscientes de que “todo ha cambiado”, por primera vez, se sientan a reflexionar al respecto (ya sea de manera voluntaria o no).

De ahí que las frases tipo: “cuando las personas regresen a su cotidianidad, todo será diferente”, comiencen a sonar, cada vez con más fuerza, por todo el mundo digital.

Por primera vez, los individuos son conscientes de la manecilla del reloj que suelta sus horas a lo largo de día y de la que algunos intentan huir enfrascándose en cualquier cosa (redes sociales, películas, música, ejercicio, trabajo, meditación…), otros la ven girar cuestionándose ¿qué pasará una vez que las salidas sean restituidas?.

No es gratuito, entonces, que pensadores como Slavoj Žižek, Noam Chomsky o Byung-Chul Han expongan sus ideas sobre el tema y hablen no sólo del impacto que ha provocado en el mundo entero, sino que inclusive reflexionen sobre las posibilidades que éste ha abierto para el ser humano y su funcionamiento en sociedad.

Dentro de estos aspectos, uno de los pocos explorados, pero suficientemente revisitado en la actualidad es el del arte, la estética y la Cultura. Hasta hace unos meses las expresiones artísticas se limitaban a una extensión del pensamiento político, que se desarrollaba con gran fuerza y no faltaban las propuestas, que buscaban hacer frente a todo tipo de problemáticas, que de ellos se derivaran.

Unos cuatro meses atrás el performance "Un violador en tu camino" le había dado la vuelta al mundo, para denunciar la violencia machista y tratar de poner alto a los feminicidios (lo que no ha parado ni siquiera con la pandemia, pues apenas hace unos días se dio a conocer el caso de Ana Paola, jovencita de 13 años violada y asesinada en su propia casa).

Como este ejemplo, los artistas de todo el mundo se habían unido para plasmar en sus distintas ramas una denuncia contra las diferentes situaciones sociales y políticas que se atravesaban: elecciones, incendios, discriminación, asesinatos, delincuencia, pobreza, daño ambiental, y un largo etcétera con el que ese planteamiento de Roberto Bolaño “toda literatura, de alguna manera, es política” era en este caso replicado por las distintas ramas artísticas que, por sus diferentes medios, entablaban una ligadura con la situación que las rodeaba.

Puestas en escena, instalaciones, pinturas, fotografías o canciones, estaban a la espera del siguiente tema en boga para abstraerlo y estamparlo en sus diferentes creaciones.

Pero de repente, un amenazante virus entró en acción apropiándose del foco público y modificando las formas en que el ser humano interactuaba con su entorno.

'A cada tiempo su arte'

Cuatro meses atrás, sólo un pequeño sector de la sociedad estaba francamente relacionado al arte en sus diferentes formas y muy poco se hablaba de ello, pues lo imperante era el conocimiento o la reflexión de la última noticia local, nacional o internacional.

Los museos eran visitados por pocos, la música era solamente un ruido de fondo en bares o restaurantes y los libros sólo eran accesorios que llenaban estanterías. El ruido exterior era continuo y para hacerle frente era necesario estar completamente enterado de lo último que ocurría, el tiempo era tan rápido que detenerse a mirar una serie completa en Netflix resultaba impensable y sólo posible por "vagos" o "flojos".

La llegada del virus trajo de repente la cancelación de todo movimiento, el cierre de todas las puertas y la pausa de todo el ruido exterior. Si se le preguntara a cualquier persona sobre cómo están pasando la cuarentena, la mayoría traerá a colación al menos una actividad relacionada con el quehacer artístico (pintar o dibujar, ver películas o series, cantar o escuchar música, bailar, leer…) y en su mayoría habrá un cierto bloqueo a las noticias para evitar "alarmarse" de más.

Pareciera que el arte ha tomado un nuevo foro en la actualidad: el posibilitado por internet y difundido por las redes sociales, pues cada vez son mayores los conciertos en vivo, las difusiones de material gráfico, el esparcimiento de libros, películas o series y la compartición de información, que no tiene un fin informativo, sino reflexivo o de entretenimiento.

Es bueno pensar que todos en casa idean una manera de permanecer conectados con el lado humano, buscar ser más listos, aprovechar el tiempo o tratar de motivarse, ante el inminente miedo o ansiedad, que el reconocer la fragilidad que puede provocarnos la pandemia.

El arte ha regresado al diálogo cotidiano y por aquí y por allá se hace mención de qué libros leer, qué películas son las mejores, qué series “me recomiendas”, o qué artistas debería comenzar a escuchar. Las largas listas (tal vez no agotables al final de la pandemia) se transmiten entre los círculos íntimos y las opiniones que derivan, al respecto han comenzado a ser un tema del día a día.

'Y a cada arte su libertad'

Pero aún con todo el panorama alentador que ofrecen los nuevos medios de comunicación, al arte aún le restan algunas confrontaciones derivadas de su funcionamiento en la sociedad y actuación en la vida cotidiana, pues si bien es cierto que ahora son recursos para hacerle frente a la contingencia del coronavirus, como se menciona anteriormente, hace unos meses eran o simples instrumentos subordinados a ideas o acciones políticas, o relegados del quehacer diario.

Será entonces necesario reconocer que su papel va más allá de portavoces sociales pues, aunque por sí mismo el arte está cargado de un contexto social e histórico, la búsqueda de su propia estética deberá añadirse como un ingrediente fundamental en la creación de productos artísticos que se extrapolen a sí mismos y puedan hacer frente a las situaciones, más allá de la actual, volviéndose capaces de reflexionarse y trascenderse.

Para ello también será necesario que los espectadores mantengan este vínculo con el arte, más allá de lo que hagan cotidianamente y de las noticias que se exponen en el día a día, además de reforzarlo con esos diálogos "de café", a fin de que la experiencia estética se nutra continuamente y la capacidad reflexiva permita explorar nuevos horizontes artísticos.

Pese a lo idealista que esto pueda llegar a sonar, se puede aprovechar este aislamiento físico para replantear las acciones humanas y pensamientos, las relaciones con el entorno, a fin de que “cuando volvamos” no sea igual, sino que se pueda dar paso a una evolución, que por la rapidez del día a día ha sido vedada en el tiempo.

Esta es una oportunidad de recordar la inquietud para aprovechar el ahora, en todos los niveles, hay que empaparse de arte en cada poro, para que en el mañana sea posible poner la vara más alta y avanzar los límites del progreso, ya necesario desde hace mucho tiempo.

La invitación es a hacer y respirar arte no sólo para “matar el tiempo”, sino que porque el tiempo nos mata, necesitamos hacer y respirar el arte.

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