Mantenerse positivos respecto al último álbum de The Strokes, The New Abnormal, es una tarea un poco complicada para el escucha que busca reemplazar con estas nuevas canciones, lo obtenido con las diez de su icónico "Is this it" y que colocara con letras de oro a la banda en la historia del rock en inglés y sus derivados.

No es un secreto que el quinteto neoyorquino dejó la vara muy alta con su disco debut y que, hasta la fecha, les ha resultado imposible superar, aún para los oyentes más optimistas, pues pese a un Room on fire con un Reptilia, que aún sigue sonando en todos lados o un First impressions of Earth con Juicebox a la cabeza, se puede decir que la banda sólo ha tenido buenos sencillos, pero difícilmente se puede hablar de "buenos" discos.

Con todo, los llamados "Salvadores del Rock" se las han arreglado para entregar cinco álbumes que, si bien no han convencido a la crítica, si han permitido que sus fans accedan a esos brillantes destellos, que despliegan con cada nueva creación, por pocos y rápidos que estos sean.

The Strokes regresa, después de siete años de sequía, de la mano de Rick Rubin como productor, un hombre con fama de exigente y de tener la capacidad de relanzar carreras con “su toque mágico”, pero que en realidad es producto de una amplia experiencia, que comenzó en 1981 con The Pricks, nutrida con Shakira, Metallica, Mick Jagger y Beastie Boys.

Ahora, la banda de garage rock se puso en sus manos, continuando sus experimentos con una mezcla de synthpop, new wave e "indie rock" que ya trabajaban con The Comedown Machine, el último disco de estudio que lanzaron, pues "Future Present Past" es un EP del 2016, que sólo contiene tres temas inéditos y que se prescribe dentro del rock alternativo.

‘New York, New York’

Con el sello de la RCA Records, el quinteto entrega nueve escenas que, si bien refrescan los ritmos que hasta el momento habían entregado, está algo lejos de ser el "gran regreso" de la banda, tras los siete años que ya tenían sin realizar un material completamente nuevo.

Un poco como sucede con Arctic Monkeys, The Strokes regresa al pasado para ‘tomar’ ciertos sonidos y estéticas e incorporarlos en entregas como "Bad decisions", "Brooklyn bridge to chorus" y "At the door", los primeros tres sencillos que entregaron entre febrero y abril de este año.

Sin embargo, los neoyorquinos irán un poco más atrás que los londinenses, cuando impregnan su Música con los colores y figuras únicos de otro compatriota: Jean-Michel Basquiat y su Bird Money.

En este cuadro de 1981, "Samo" rendía tributo al saxofonista Charlie Parker, cuyo apodo era "Bird" o "Yardbird" (figura que el pintor refiere en su obra) y que falleciera en Nueva York, luego de una flamante, pero rápida, carrera en el mundo del jazz.

Pareciera que es a este Nueva York de jazz, colores, calles y contrastes al que remiten los Strokes con su "nueva anormalidad", colocándose ellos mismos en esa figura que "no encaja" con los parámetros establecidos, pero que, por el paso del tiempo, pareciera encontrarse en un nuevo giro de la espiral, que ahora ellos habitan.

El quinteto se hace consciente de que el Nueva York de Parker ha mutado y que ni siquiera las calles de Basquiat son las mismas, y aunque ellos se forjaron en este espacio donde Los Mets son un particular emblema para chicos y grandes, todo se sobrepone, pasa y avanza continuamente, en una gran ciudad que ahora sufre los problemas de su grandeza.

Oscuridad y luz

El "raro" pastiche neoexpresionista que entregan se desdobla en cada escena, abriendo con The adults are talking, donde dos cosas son puestas: unos ritmos con energía infantil, que recuerdan a Basquiat y la voz de Julián Casablancas, que apuesta por tanto por la nostalgia como por la autoexploración.

Así se impregna a una letra que trata “fuertemente de llamar tu atención”, plantándose en el escenario, ya más maduros, pero con sus rarezas afianzadas.

Selfless baja un tanto el enérgico ritmo de apertura, pero manteniendo el teclado armonizado que se ciñe a las sonidos y silencios aportados, tanto por la voz de Casablancas, como por los demás instrumentos, que prepara para la acción de Brooklyn Bridge to Chorus, donde el coro “quiero nuevos amigos, pero ellos no me quieren” conecta un clásico y bailable synthpop con el Nueva York nocturno y destellante de los 80’s, que aparece en las mejores fotografías.

En Bad decisions las guitarras de Valensi y de Hammond Jr. harán gala de la influencia que el new wave y las bandas como Joy Division, New Order o hasta Depeche Mode les han heredado; mientras que en Eternal Summer “la vida es un divertido chiste”, que se reproduce mientras la guitarra hace un extraño sonido chirriante y el bajo y la batería oscurecen la escena.

At the door continua el discurso de inquietud e inacción, donde Casablancas, navega como un "alma perdida" entre un teclado sórdido hasta y pide “ser usado como remo”, hasta alcanzar los nuevos mares luminosos que los sintetizadores ofrecen. La inocencia continúa como un factor principal, que dice Why are Sunday’s so depreesing, pero a la que la adultez floja o pasiva pedirá no hacer más preguntas y “estar tranquilo”.

Cierre magistral

Las dos últimas canciones remontarán el jazz neoyorquino y los collages de Basquiat para "pegar" diversos riffs y recursos vocales, que conformarán melodiosas baladas cargadas de la nostalgia que caracteriza el álbum. Pero mientras en Not the same anymore el oyente es capaz de acercarse a ese Strokes que se modifica, será en Ode to the Mets, donde encontrará una magia única.

Como si se tratase de Georgia on my mind, de Ray Charles, o de New York, New York, de Frank Sinatra, The Strokes hace gala de sus recursos instrumentales en Ode to The Mets y consolida una oda que le reza a los míticos Mets, un ícono de la cultura neoyorquina, al que seguro cualquier niño deseó entrar, mientras jugaba en algún barrio.

“Atrás quedaron los viejos tiempos”, sostiene Casablancas, que aún niño está dispuesto a aceptar la madurez y abrazarla, como se abrazan los ritmos sincopados y contrapuntísticos del inicio, que construyen una especie de canon, hasta finalizar en una melodiosa balada, donde las luces representadas por la guitarra se apagan al tiempo que el disco finaliza.

The new abnormal es un disco-collage que, como tal, requiere ser escuchado en todas sus partes a fin de abstraerse en su totalidad, aunque, de la misma manera en que sucede con Bird Money, hay figuras que sobresalen y representarán una historia por sí mismas, pero que en conexión logran algo mucho mayor.

Podría ser entonces que, por primera vez, en muchos años se habla de UN DISCO de The Strokes y al que todavía le quedan algunos rincones, que explorar, pues aunque todavía es difícil tildarlo como “el gran regreso de los salvadores del rock”, ahora sí es posible sentarse a la mesa y dialogar "como adultos".

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