Amy sabe mejor por la tarde. Amy viene bien en todo momento, pero como los buenos ingleses, es capaz de desprender un palmo de su brumoso país y llevarlo hasta donde estés con su Música. Entonces afuera llovía. Las gotas, una a una, planchaban de panza el cristal de la librería anunciando la muerte del verano como Las lágrimas (que) se secan solas.

Sea cual sea el pasillo en el que se encuentre la persona, una buena canción puede acarrear deseos fugaces: llamas al dependiente y le pides te guíe hasta donde se encuentre Irving Welsh o, tal vez, algún hilo perdido de Wilde. La emoción alojada en el pecho es tanta que mascullas la letra y tienes ganas de participar al otro del gozo; solo para encontrar una ridícula protesta no solicitada.

'Los periódicos son la basura de mañana'

Me choca, dice. Y sí, el gusto es caprichoso, pero no, eso no es lo que pasa, más bien habla la zozobra intelectualoide del que desprecia lo común, si es que Amy puede ser tomada por común y no como la irrefrenable evidencia de su genio. Esa voz, la que compara y se trepa en el vagón de lo exclusivo y único, suena más a la voracidad de los tabloides ingleses que agotaron tirajes con los escándalos de la rockera “casa de vino”. Pero, como la misma Amy dijo: "Los periódicos son la basura de mañana".

El club de los 27

Son ya nueve años de la desaparición terrenal de Amy, cosa que a muchos ha legado la pena de no ver crecer a un prodigio en ciernes. Del otro lado están las voces que acogen el lugar común: el club de los 27 y su portentosa voz, pero el valor de la chica Valerie, circunda en esa otra parte que los tabloides se encargaron de poner ante los ojos del mundo, la de la adicta desaliñada.

Amy nunca quiso ser nadie, literalmente. En uno de los muchos documentales que se hicieron en cuanto a su vida y obra, dijo eso, que le bastaba con ser una camarera y que por casualidad un día, acompañando a su hermano, las oportunidades le llegaron de rebote. Decía, no soy más que una cantante con suerte.

En sus primeras entrevistas se le puede ver jovial y lucida, contrario a las últimas presentaciones en las cuales se le puede captar tanto bebiendo, como drogándose directamente, pero, aunque eso no fue otra cosa que la consecuencia de sus constantes inseguridades, jamás negó sus propios vicios: “entre más insegura me siento, más bebo”, advirtió hablando del conflicto que su cuerpo acarreaba.

Valiente hasta el fin

La voz de Amy, se encuentra ya a lado de otras tan poderosas como las de Aretha, Nina o Tony Bennet, con quien grabara en su último disco de “Amigos”, dijo que ella cantaba como se debía cantar, y equiparó una voz con la Elvis o Los Rollins Stones, pero dijo que ella sabía perfectamente que se encontraba cerca del final de su vida. Eso, era aire funesto y melancólico, ese que muchos fingen, pero que pocos, mucho menos ellas, se atreven a portar pues supone una visita al infierno y eso no encaja con la idea de una mujer convencional.

Bajar al infierno como se dice a quien vive desenfrenadamente entre el arte y las drogas, era una imagen aún muy escandalosa para una mujer en el nuevo milenio.

Lady Gaga dijo que Amy había hecho el camino más transitable para las mujeres en el mundo del pop. Otros como Charles Aaron, de Spin, la llama el Nirvana de las mujeres por el valor que más allá de su música, inyectó con su acelerada vida.

Back to black, dijo era una vuelta de las penumbras y cuando la quisieron llevar a rehabilitación, dijo que solo necesitaba estar con su padre para superarlo todo. Luego, respondió a todos, bueno, por lo menos todo este revuelo me dio para hacer una buena canción, pues “sabemos no era una chica buena”.

Con la lluvia que de a poco asesina el verano, llega su música que perfora el tiempo como el agua que cada cuando atravesaba con el rostro para reírse de todos.

La dulce chica de vestidos oleados, baila, bebe y canta. Estaba triste, tal vez, pero también fue valiente de ser así.

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