Este año ocurren en los Estados Unidos de América las elecciones para presidente, congresistas y un tercio de los senadores. Aunque las miradas estén totalmente puestas en la elección presidencial, no debemos descartar las otras que son igual de importantes, pues hay que recordar que, hasta este momento, la mayoría en la Cámara de Representantes es demócrata - lo equivalente a Cámara de Diputados aquí en México -, y todo parece indicar que esto se mantendrá, y que incluso la Cámara de Senadores, con mayoría republicana en este momento, podría pasar a ser también demócrata.

Sin embargo, y aún sin el resultado definitivo de la elección, podemos tener claras algunas cuantas cosas que no dependen de quién llegue a la Casa Blanca.

Principalmente cosas que afectan a Latinoamérica. Porque, si bien es cierto que Trump ha mostrado siempre un cierto desprecio por sus aliados americanos, Biden tampoco representa un cambio radical frente a esta política exterior. En este sentido, tanto Trump como Biden siguen y son continuadores del Plan Marshall y del macartismo, pues ambos utilizan las figuras de Maduro, de Chávez y de Castro para desacreditarse el uno al otro.

Ante la elección de Bolivia, en el norte hay un clima totalmente diferente

Mientras tanto nosotros, aquí en México, celebramos con gusto y boato el triunfo por la vía democrática de Luis Arce, mostrándonos esto que el pueblo boliviano ha decidido dar continuidad a un modelo socialista que, no solamente le ha brindado un aumento en su calidad de vida, sino que le ha hecho confiar una vez más en sus gobernantes.

Mientras esto pasa acá por el sur, en Estados Unidos se vive lo contrario y no porque Trump sea un completo desastre para su nación, sino porque toda muestra de socialismo es rechazada de manera vertical sin ningún tipo de consideración; toda mancha del socialismo, toda muestra que acerque al candidato al menos un poco a las elecciones recientes de Argentina o Bolivia, todo chirlo que ponga en evidencia cierta simpatía hacia la situación chilena; todo esto, digo, provoca una repulsión en los electores estadounidenses.

Por esto es que Bernie Sanders no podía ser candidato a la presidencia: Estados Unidos no está ni remotamente listo para un cambio, es más, ni siquiera lo desea. Es y sigue siendo el bastión del capitalismo salvaje.

Desde la Guerra Civil

Recordemos en en la Guerra de Secesión se enfrentaron dos modelos económico-sociales: el esclavismo, defendido por los estados de sur; y el capitalismo, defendido por los del norte.

El sur sabía que iba a morir, no sólo por cuestiones tácticas, sino culturales. El sur era agrícola y compraba armamento; el norte era industrial y podía también producirlo. Detrás de la causa tan lejana - que a veces nos forzamos a ver - de la abolición de la esclavitud, venía toda una carga cultural y económica: el capitalismo más crudo y violento que jamás se hubiera concebido, incluso más grande que el de los ingleses. No hace falta recordar que fue este Gobierno triunfador el que promovió las intervenciones en otros países con fines lucrativos y territoriales.

Eso es el capitalismo y eso hace. Ya estaba dicho por Marx: las formas arcaicas de producción - en este caso, las del sur - debían dejar paso a las formas avanzadas de cualquier forma posible, la guerra capitalista.

Se sustituyeron los esclavos por los obreros, y más tarde a los obreros por los inmigrantes. Este es el modelo que rige a Estados Unidos, este es el modelo que Trump y Biden representan. ¿Qué triunfo celebraremos en Latinoamérica? Ninguno. En estos casos esperamos de los dos males el menor.

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