Falta poco para que se lleven a cabo las elecciones presidenciales en México. El próximo 1° de julio los mexicanos elegirán al nuevo jefe de Estado y comienzan a surgir pactos, negociaciones y acuerdos – a luz pública y en la sombra – para llevar a cabo el más importante proceso político.

Los movimientos no tocan solamente el plano político. Recientemente también el ambiente religioso en México se ha visto involucrado. De acuerdo a la prensa local, el obispo de una de las diócesis mexicanas más afectadas por la criminalidad y la Violencia, en el estado de Guerrero, admitió que llegó a un acuerdo personalmente con algunos de los jefes de los carteles de la droga.

El objetivo: lograr que sean garantizadas las condiciones básicas para el desarrollo de las elecciones presidenciales de julio, para que no se presenten hechos de violencia que puedan comprometer la elección y afectar a la población.

El obispo de Chilpancingo y Chilapa, padre Salvador Rangel, admitió esta arriesgada iniciativa en una de las zonas más violentas de Guerrero. “Soy un obispo – explicó Rangel – soy un pastor y tengo el derecho de hablar con quien quiera hablar conmigo”. A los candidatos dijo: “Traten de convencer a los electores en lugar de comprar votos”.

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