Parece no tener fin el horror de la violencia en México. Los carteles de la droga siguen activos y llevan a cabo acciones de guerra. Según los últimos datos oficiales del Estado mexicano, desde enero hasta marzo del 2018 han sido asesinadas 5333 personas. El año 2017 fue el más sangriento en los últimos 20 años en México (con 25339 muertos) y el que viene parece sólo empeorar. Niños, mujeres, ancianos, sacerdotes, activistas y periodistas, nadie se escapa la narco-guerra.

Desde Sinaloa hasta Cancún, no hay zona que se salve. Hace pocos fueron hallados cinco cuerpos sin vida, a los cuales se les había cortado la cabeza y el corazón, en una zona turística.

Los gestos de los traficantes de droga parecen inspirados a los terroristas y formaciones guerrilleras.

Las armas con las que cuentan las organizaciones criminales son dignas del ejército. Granadas, metralletas, pistolas automáticas, tubos explosivos que muchas veces son comprados en Estados Unidos y en Países de Centroamérica. Hace un mes, dos ciudadanos norteamericanos fueron acusados de vender Minigun a criminales mexicanos en el estado de Texas. Sin embargo, una vez que pasan la frontera, de estas armas se pierde la pista y entran a formar parte de la guerra.

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