Si alguien que observa desde afuera el teatro político nacional, y necesitara tener alguna certeza sobre lo que va a suceder en el año 2018, de cara a las elecciones presidenciales; si le hiciera falta algún pronóstico aproximado con el cual poder tomar decisiones de mucho peso, ya sean financieras, políticas o meramente personales, habría que decirlle que estamos todavía muy lejos de tener una idea más o menos cercana del desenlace de este rito sexenal.

Claro, muchos apuntan a que se entronizará AMLO, el que, a la fecha, parece encabezar la mayoria de las encuestas.

Esa puede ser una apuesta arriesgada si se atiende a dos razones, o argumentos, de mucho peso.

El primero, se refiere a que las encuestas han sido, son y siempre serán un instrumento político a favor de quien las ordena y las paga.

Pocas son las encuestas que se desmarcan de esta categoría. En este caso, no hay duda respecto del candidato que parece tener una mayor intención de voto, la dificultad estriba en mesurar la diferencia o ventaja que guarda respecto de los demás. Sobre este dato, hay muchas versiones, casi tantas como las mismas encuestas, y una conclusión casi general es que la ventaja no es mayor a un dígito. Ahora, si consideramos que AMLO prácticamente cumple 2 décadas en campaña y autopromoción, nos deja un poco perplejos que no cuente con una mayor ventaja.

Segundo, AMLO ya ha ido encabezado en dos ocasiones las carraras presidenciables y, no obstante eso, al final se cae. Esto, a él le ha servido para apelar a la opinión pública, señalando que se cometió un fraude en nombre de algún arreglo o acuerdo secreto, acusando hacia el vacío llamándole por el mote ominoso de la "mafia en el poder", que no es otra cosa que la suma de todos a los que considera sus enemigos políticos, en un exceso de maniqueísmo al que están dispuestos a creerle muchísimas personas.

Ahora, esta circunstancia, aunque se pretenda ignorar, es una constante digna de estudio por él y, desde luego, para sus contrincantes.

De cualquier manera, tal y como están sucediendo las cosas, como ya se dejaba entrever, no hay certidumbre sobre lo que va a pasar. El PRI, justo hoy, ha enseñado el juego de baraja que desde hace buen rato conocía todo mundo: Meade será su candidato. Hoy, en una ceremonia que se celebra justo en el momento que escribo estas líneas, el Presidente está aceptando la renuncia de Meade a la SHCP y nombrando a su sucesor, y a la cauda de sucesores que ese movimiento ha traido consigo. A partir de este día, Meade se preparará para la gran simulación de la que saldrá oficialmente candidato de su partido. Nuevamente, por segundo sexenio, el PRI se decanta por su candidato más popular, o menos impopular, dependiendo de la óptica desde dónde se observa. A diferencia de aquellos sexenios donde el tapado era el ungido del Presidente, indepedientemente de su arraigo o simpatía popular.

El PRI está verdaderamente urgido del triunfo.

Los actos de corrupión que se han señalado a los funcionarios, altos, medianos o pequeños, de esta administración, pueden significar, en caso de no ganar las elecciones, que será muy severa y abultada la lista de indiciados que estarán en picota a partir del 2019. Tampoco será dificil concluir que, los temas de campaña de los candidatos contrarios al PRI serán básicamente el castigo a los excesos que se le señalan a Peña Nieto y su gobierno.

Por lo que hace a los demás candidatos tampoco la tienen fácil. Concretamente el llamado Frente [VIDEO], al que aun le queda la responsabilidad de resolver la elección de su candidato, es decir, si ejecutan una imposición, o bien, si opta por el candidato con más posibilidades, entre los que alcanzan a sobresalir el "Bronco", Margarita Zavala y Miguel Ángel Mancera. lo que no significa, por supuesto, en este mar enrarecido, que no pueda sacar la cabeza otro candidato distinto.

Esperemos pues los signos que se vayan presentando, de lo que parece serán unas elecciones muy distintas a lo que hemos vivido hasta hoy.