El PRI y su gobierno, según se ha expresado interpretado repetidamente por la opinión pública por distintos medios y durante este sexenio, han llegado a cruzar niveles de desaprobación tan ínfimos, tan inéditos, que desde hace un par de años esa misma opinión pública le ha empezado a descartar para las elecciones presidenciales del 2018.

Pero ¿está muerto el PRI?

La historia nos ha dado lecciones muy dolorosas al respecto, me parece que esa lección ya está muy aprendida: al PRI nunca se le debe sacar de la ecuación. Ahora, ¿tiene realmente oportunidad? Y la respuesta es contundente: el PRI teniendo recursos a la mano - que los tiene - y el know how y la ingeniería electoral para ganar una campaña, por la mala o la menos mala siempre tendrá oportunidades.

Ya lo habíamos señalado en nuestra nota anterior "Las elecciones que ya se vienen" [VIDEO], al PRI le urge ganar, no sólo por su DNA político que no acepta por ninguna razón dejar el poder. Empero, adicionalmente, el PRI no se puede dar el lujo de no ganar la silla presidencial en el 2018, porque cualquier opositor que llegue, tendrá la obligación política, legal y moral de proceder categóricamente contra cualquier ex funcionario que haya obrado en perjuicio del Gobierno Federal, en contra de la ley y en detrimento del erario. Y en este caso, el desaseo de la actual administración ha sido tan notorio, que ha dejado una estela interminable de indicios y evidencias en casos de gran envergadura, como todo lo relacionado al caso Odebrecht, los negocios de la constructora española OHL y prominentes políticos mexicanos, sólo por mencionar las primeras muestras que se vinieran a la memoria, las que parecen ser solamente la punta de un gigantesco iceberg.

Esta premura por la victoria los ha obligado a darle un descontón al candidato de la lógica priista: Osorio Chong, un hombre que hizo acopio de muestras de su aspiración, pero que al final, como hombre del sistema, como pieza clave en este gobierno considerado como fracasado, ha debido acatar con disciplina los designios superiores.

La designación - vulgo "dedazo" - no ha podido ser otra que José Antonio Meade [VIDEO], ex secretario de las carteras de Relaciones Exteriores, Desarrollo Social y últimamente de Hacienda y Crédito Público. Un funcionario y político que, a pesar de sus cargos, se manejó con un perfil moderado, sin estridencias ni escándalos, muy ajeno siempre a las diversas y muy ventiladas controversias que han dominado la escena nacional. Si me apuran, podría aventurarme a decir que ha estado muy cuidado, como una baraja acomodada con mucho cuidado en la manga.

La verdad sea dicha, se trata de un hombre al que siempre lo ha acompañado un prestigio personal y profesional que le permitió transitar de una administración panista a una priista, sin ningún traspié.

Entonces ¿a qué se compromete con el PRI?

Hay pantanos que siempre manchan las alas. El PRI es uno de esos.

Aquí la pregunta que más curiosidad debe provocar es esta. ¿Qué conversación sostuvieron Meade y Peña Nieto o la pequeña cúpula del poder en ese día? En esa ocasión, la del ungimiento tribal y donde se le depositaron todas las confianzas y esperanzas, secretos y llaves del cajón de los entuertos, ¿qué condiciones y cláusulas se le exigieron que cumpliera para ser su candidato?

Como sea, el PRI ha debido también pagar un precio, pero, Meade principalmente, ha tenido que vender su alma en este acuerdo, ha tenido que aceptar que protegerá, al menos, y esta es una interpretación mía, a ciertos priistas de primer nivel. Ha debido aceptar que no moverá los hilos para que avancen ciertas líneas de investigación. No es posible pensar en ese dedazo sin que primera haya habido un pacto, un pacto "entre caballeros".

Habrá que darle al tiempo la oportunidad de volver sobre nuestras líneas, en el caso que haya que corregir algo. Pero, por lo pronto, el panorama que tiene enfrente el ahora candidato priista no es nada cómodo, ni augura buenos auspicios.