Los candidatos

En la carrera por alcanzar la silla presidencial uno de los tantos factores que influyen en los resultados además de las votaciones, es el manejo de la imagen pública y promoción de los candidatos.

Una buena estrategia publicitaria puede lograr que el mejor caiga y quien va en último lugar suba como la espuma, al primer sitio.

Es por ello que el Instituto Nacional Electoral (INE) autorizó que los diversos partidos políticos y sus respectivos candidatos a los diferentes puestos de elección popular, tengan la libertad de bombardearnos con sus mensajes vacíos y lleno de falsedades mediante la nada despreciable cantidad de 60 millones de #spots publicitarios divididos entre partidos, candidatos y autoridades electorales, que veremos o mejor dicho tendremos que aguantar tanto en televisión, como en radio, internet y redes sociales.

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Y a todo esto ¿Quién se los autorizó? ¿Acaso nos preguntaron si les permitíamos invadir nuestra privacidad, meterse en nuestras casas, en el trabajo, en el auto, en el camión, en el cine, en la calle, en las escuelas y hasta en nuestra cama?

El derroche

El derroche de dinero en estos anuncios publicitarios [VIDEO]que nadie soporta ver y todos detestamos, es impresionante y ofensivo para la situación económica actual de la gran mayoría de los mexicanos.

Dentro de este marco, es de resaltar la discriminación en cuanto a dinero y oportunidades son víctimas los candidatos independientes, al no contar con los mismo recursos y tener acotados todo tipo de movimientos en su beneficio.

Lo más penoso de este caso, es que no hay ningún #spot inteligente o que proponga algún tipo de iniciativa que beneficie a nuestro país, no hay ideas, no hay propuestas claras y objetivas, no hay planes a corto, mediano y largo plazo, tan solo hay demagogia y deseos de ganar el poder para seguirse enriqueciendo aunque se disfracen de tiernas ovejitas.

Los actuales comerciales y mensajes [VIDEO], están plagados de promesas falsas, mensajes ofensivos a la misma población, ofensas y desprestigio personales que más que ayudar al país o a sus candidatos, lastiman a la sociedad al verificar que nuestra clase política y los propios candidatos que anhelan sentarse en la presidencia de la república, son personas tan comunes y bastante corrientes, más que nosotros.

Todos ellos se autoproclaman como la verdadera y única opción para manejar los destinos de nuestro país, cuando en realidad la gente ejercerá un voto de castigo en contra de todo lo que huela a PRI, o los indecisos escogerán al “menos peor” o al que más les convenga, de acuerdo a sus propias perspectivas.

Al finalizar esta barbarie, los partidos, candidatos y autoridades electorales, nos habrán golpeado con 17.9 millones de mensajes en las precampañas, 13.8 millones en las llamadas intercampañas, 26.9 millones en las campañas y 1.2 millones en el período entre el final de la campaña y la jornada electoral.

¿Y todo esto para qué? ¿Realmente a la ciudadanía, a usted o a mi nos interesan los 22.9 millones de mensajes repetidos que nos tendremos que aguantar en los próximos tres meses?

Sinceramente dudo que alguien en su sano juicio, haga las palomitas, prepare las alitas y las micheladas bien frías para sentarse ante la pantalla en su sillón favorito y disponerse a disfrutar de millones y millones de #spots publicitarios con las figuras de nuestros afamados candidatos.

¿No sería mejor y menos gasto que se realicen solo los debates presidenciales en donde realmente podremos observar todos los ciudadanos interesados en informarnos sobre las propuestas serias y realistas –si es que tienen- su manera de pensar y actuar ante los ataques personales que se lanzan?

Se debe reformar y regular las actividades y recursos que se destinan para este tipo de elecciones, ya que la población tiene muchas carencias y necesidades que son urgentes de reparar, para poder tomar una decisión inteligente.