Andrés Manuel López Obrador recuerdo inevitablemente al ex presidente venezolano Hugo Chávez Frías. Ese discurso anti-sistema, con el que se condena a los partidos políticos tradicionales, y se promete una nueva forma de gobernar, en la que el pueblo está a la cabeza, no es original. En el año 1998 la utilizó el presidente Chávez y le funcionó muy bien.

Arrasó en las elecciones presidenciales porque los venezolanos – al igual que los mexicanos – estaban cansados de la corrupción, de la impunidad, de la violencia y de la desigualdad social. Chávez dijo que iba a gobernar por el pueblo y con el pueblo, como precisamente López Obrador dice que lo hará ahora.

Sin embargo, la suerte de los venezolanos no fue positiva, y hoy atraviesan una de las peores crisis humanitarias de la historia de América latina. Chávez no cumplió con la promesa de garantizar la independencia económica y de materias primas, y hoy muchos mueren de hambre y de desidia.

El fantasma de Chávez en México

La comparación entre López Obrador y Chávez no se le ha escapado a los políticos mexicanos. Durante la campaña electoral para las presidenciales del año 2006, AMLO fue comparado en la publicidad de los rivales con el militar venezolano. Estaba señalado como un potencial riesgo para México, porque podía llevar al país por el mismo camino que el vecino suramericano, aunque los venezolanos no estaban tan mal en aquel entonces como ahora.

En la campaña de las presidenciales del año 2012, en las que López Obrador intentó de nuevo llegar al poder, la estrategia comparativa también funcionó.

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Un panfleto mostraba en una imagen a Chávez y a AMLO casi besándose. Quizás si el hecho de que la situación venezolana es extrema y cabe la sentencia “México no es Venezuela”, o que el presidente Chávez murió y López Obrador ha sabido mantener las distancias del sucesor Nicolás Maduro.

Cierto es que la amenaza venezolana no dio frutos en este proceso electoral y AMLO ganó. Eso sí, no han faltado denuncias del presunto financiamiento de la campaña electoral del mexicano por parte del Gobierno de Venezuela. Aunque de dinero, por ahora, el Estado venezolano tiene bastante poco.

Diferencias que son de sustancia

No obstante el miedo, López Obrador y Chávez no son tan parecidos. El presidente venezolano era un militar, que intentó dos veces llegar al poder a través de las armas, liderando dos golpes de Estado que fallaron. En algún momento, no creyó en la democracia. López Obrador, en cambio, intentó dos veces llegar al poder pero siempre confiando en las urnas y el proceso electoral. La tercera vez que lo intentó, ganó.

Por otro lado, Chávez era un perfecto desconocido en el mundo de la política, mientras el presidente mexicano siempre estuvo en ese ambiente, desde que tenía 23 años. Chávez no ejerció ningún cargo ni administrativo ni parlamentario antes de ser presidente (estuvo fue en la cárcel por los golpes de Estado) mientras López Obrador fue alcalde de Ciudad de México, una de las capitales más grandes de mundo, y logró el consenso del 80 por ciento de la población cuando terminó su mandato. AMLO incluso fue nominado el segundo mejor alcalde del mundo en el año 2004 en una clasificación internacional.

Lo que pasará, el tiempo lo dirá

Los venezolanos están desesperados por lo que puede comportar, a nivel regional, la victoria de AMLO. Condenan el voto de los mexicanos y están preocupados porque la atención internacional termine dispersándose, hacia México, en caso de que el nuevo presidente lo haga mal. Sin embargo, es bastante difícil que AMLO pueda convertir México en otra Venezuela.

La dimensión del país es mucho más grande y la economía del país centroamericano es bastante diversificada. No depende tanto del petróleo como Venezuela. Además, la cercanía de Estados Unidos hace la diferencia: los norteamericanos no permitirán que una crisis humanitaria se desate al lado de sus casas porque los efectos lo vivirían también ellos, como está ocurriendo en Colombia, que recibe el éxodo venezolano.

Cierto es que el discurso populista de AMLO asusta. Y no es buena señal que, el día de su victoria electoral, un presidente se siente en la necesidad de decir que la suya no será una dictadura abierta o encubierta, como dijo López Obrador. Lo que ocurrirá en México en los próximos años sólo el tiempo lo dirá….