Rafael Torres Meyer

Colaborador

Mi nombre no importa mucho, mi nickname sí. Comencé a roer lencería en 2006, cuando ya tenía cerca de 10 años trabajando para diversos medios de comunicación, como reportero tanto cuanto en la mesa de redacción, y luego de encontrar en las agencias informativas un cable relatando la triste historia de un hampón apodado El Terror de las Tangas, quien hurtaba exclusivamente estas prendas femeninas en la Blanca Mérida. A partir de esa nota decidí contribuir con una columna de humor para la revista de un amigo. Sigo empeñado en morir tecleando.