Los medicamentos en Niños deben tener un uso controlado por parte de los padres y especial vigilancia pediátrica, su administración - particularmente en bebés - exige precaución por parte de los padres y los doctores especialistas en pediatría. El tratamiento eficaz y seguro de los recién nacidos, lactantes y niños pequeños requiere conocer los cambios en la maduración del organismo, que afectan la acción y metabolización de un fármaco. Todos los parámetros varían con la edad y no tener estos principios en cuenta, puede ocasionar tratamientos ineficaces o tóxicos.

No existen reglas absolutas para garantizar a eficacia y seguridad de los medicamentos en niños, especialmente en los recién nacidos.

Las dosis basadas en datos [VIDEO] farmacocinéticos por grupos de edades, la respuesta deseada por parte del paciente y la capacidad individual de manejo del fármaco, constituyen el cálculo más racional de las dosis pediátricas, particularmente en niños pequeños. Cuanto mayor sea la edad y el peso del niño, más se irán acercando las dosis pediátricas a las dosis utilizadas en adultos. Sin embargo, es necesario destacar que la medicación correcta en los niños debe comenzar por la educación de sus padres.

Los sedantes y el alcohol en los medicamentos para niños

Existe una prolongada discusión acerca de la conveniencia de administrar a los niños medicamentos que contengan tranquilizantes o alcohol, generalmente cono vehículo. Los efectos secundarios y el temor a adicciones siempre está presente en los argumentos.

Como en todo, las posiciones excesivamente polarizadas no son necesariamente las más adecuadas. Es cierto que algunas posturas neuropsiquiátricas y sociológicas recomiendan abstenerse en lo posible de suministrar barbitúricos o alcohol en los niños [VIDEO], pero no es menos cierto que algunos cuadros agudos y crónicos obligan a la prescripción vigilada de barbitúricos y neurolépticos.

Posición de la Academia Americana de Pediatría

La Academia Americana de Pediatría recomienda abstenerse de prescribir a los niños jarabes que contengan más de 5% de alcohol en su formulación; afirmando que representan cierto riesgo de depresión, euforia o irritación gástrica. Esta organización médica norteamericana también afirma que si bien la cantidad de etanol que recibe un niño que toma un jarabe que contiene alcohol es menor al que hay en una bebida alcohólica, éste puede acumularse en la sangre. Ello correspondería a que el alcohol es metabolizado en el hígado, el cual no está totalmente desarrollado en niños menores de cinco años.