La tiroides es una glándula del organismo, cuyo normal funcionamiento estimula el crecimiento del ser humano, el mantenimiento intelectual y físico, actuando como una especie de 'termostato' y controlador del metabolismo del calcio. Forma parte de las glándulas endocrinas convirtiéndose en una ‘fabrica’ que vierte las hormonas que elabora la sangre.

La tiroides es una glándula en forma de mariposa situada en la parte del cuello, delante de la laringe y tiene 6 cm de alto, detrás de ella se alojan las cuatro paratiroides, producen las hormonas [VIDEO] tiroideas llamadas tiroxina (T4) y triyodotironina (T3), las cuales desempeñan importantes funciones; por ejemplo, desde antes del nacimiento facilitan el desarrollo del cerebro.

En el niño la tiroxina estimula el desarrollo, el crecimiento físico e intelectual. En el adulto esta hormona activa el funcionamiento del cerebro, la producción de calor por parte del cuerpo humano y el metabolismo basal, este último vinculado con el funcionamiento general del organismo.

Investigaciones científicas relacionadas con el funcionamiento tiroideo revelan que esta glándula fabrica sus hormonas con el yodo que, generalmente, se encuentra en el agua potable. La falta de yodo significa la ausencia de hormonas tiroideas, esta deficiencia constituye el hipotiroidismo. El funcionamiento anormal de la tiroides - insuficiencia o exceso - puede hacerla aumentar de volumen y reflejarse en un bocio. Adicionalmente, la producción de las hormonas tiroideas se autocontrola, pudiendo disminuir cuando la sangre contiene demasiadas y aumentar en el caso contrario.

Control médico tiroideo

Los médicos internistas se encargan de vigilar el buen funcionamiento de la tiroides, lo cual se realiza a partir de la realización de exámenes sanguíneos. Los doctores [VIDEO] indicarán el tratamiento a seguir, de acuerdo a cada caso, para solventar cualquier eventualidad relacionada con la glándula tiroidea e indicarán el tratamiento médico correspondiente. Paralelo a estos controles, recomiendan llevar una vida lo más calmada posible, evitar situaciones fuertes de estrés y dormir ocho horas durante las noches. Además, resaltan la importancia de realizar actividades de relajación durante la semana como caminar, trotar o hacer ejercicios de estiramiento y respiración; vigilar la dieta, incorporar mucha agua, frutas, verduras a los menús diarios y asistir a los controles médicos con regularidad y tomando en cuenta la forma como vayan sintiéndose los pacientes.