Perder peso: este es el objetivo principal de las que compartimos, al menos en la mayoría de los casos. Ciertamente, no siempre es fácil lograr este resultado, que requiere compromiso y constancia. Sin embargo, de acuerdo con una investigación que se ha publicado sobre Cell Metabolism, poder bajar de peso no depende solo de los alimentos que elijamos, sino también de los momentos en que nos sentamos a la mesa. En otras palabras, además de considerar las calorías contenidas en los alimentos para reducir la ingesta, también debemos tener en cuenta cuándo se consumen.

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Dieta: los horarios también cuentan

Los investigadores llegaron a estas conclusiones después de examinar un grupo de ratones.

Algunos han sido alimentados sin ninguna restricción también con respecto al cronograma, otros en cambio a intervalos regulares.

La comparación entre los dos grupos mostró que solo los ratones que tenían que comer dentro de un período de tiempo limitado (12 horas al día) realmente lograron perder peso y sin siquiera tener que reducir las calorías totales. Incluso a partir de los análisis de sangre a los que se enviaron, se descubrió que el grupo de ratones que se alimentaba en ciertos momentos, estaba en perfecto estado.

De hecho, este estudio se puede considerar dentro del alcance de la cronología-nutrición. Estas investigaciones han demostrado que los ritmos circadianos, así como regular el ciclo sueño-vigilia y realizar otras funciones importantes de nuestro cuerpo, sino que también afectan el metabolismo, la forma en que usamos los azúcares a través de la insulina e incluso en expresión de algunos genes de células grasas.

Estos son parámetros que no permanecen constantes a lo largo del día, por lo que comer en momentos específicos puede ayudarnos a promover el metabolismo y, por lo tanto, a perder peso. En este sentido , el desayuno juega un papel fundamental, porque las calorías que se toman en la mañana tienden a estar más satisfechas que las que resultan de la cena.

Obesidad: epidemia mundial

Por otro lado, la obesidad cada vez más extendida en el mundo, ya no es sólo las sociedades industrializadas, sino también los países en desarrollo que tienden a imitar el estilo de vida poco saludable de Occidente en el sector alimentario. La Organización Mundial de la Salud [VIDEO]considera que la obesidad es uno de los principales problemas de Salud pública en el mundo. No es coincidencia que hablemos de una epidemia mundial. Por otro lado, numerosos estudios han demostrado que el exceso de peso representa un factor predisponente [VIDEO] para el desarrollo de enfermedades cardiovasculares [VIDEO], diabetes y presión arterial alta.