La dieta macrobiótica o también llamada “régimen zen” está formada por las palabras griegas macros “grande, profundo o elevado” y bios “vida”; con frecuencia la palabra se traduce como “alimentación de larga vida”. Esta filosofía alimentaria promueve la “vida superior”, “más intensa y más elevada”, de acuerdo con el cosmos; fue introducida en Europa por el filósofo japonés George Oshawa, quien se destacó por este aporte al mundo de la nutrición.

Actualmente, la macrobiótica no es solamente una disciplina alimentaria, sino especialmente un estilo de vida, basada en el tao Lao-Tseu.

La filosofía de la macrobiótica promueve que el mundo está sujeto al equilibrio de dos fuerzas antagonistas: “el yin y el yan”; una de las principales críticas realizadas por nutricionistas a nivel mundial consiste en que presenta debilidades, porque el aporte energético, proteico, vitamínico o mineral no interesa a la macrobiótica.

Los alimentos macrobióticos

Para la macrobiótica lo importante es el valor “cósmico” del alimento, considera que cada individuo y cada alimento son, más o menos, “yin y yang”. Los macrobióticos principiantes están en el grado menos estricto de este régimen y su dieta incluye cereales completos, los cuales representan lo esencial de la alimentación, acompañados de pequeñas cantidades de hortalizas cocidas, con algunas frutas frescas también cocidas, además de frutas secas.

Por otra parte, el régimen macrobiótico no prohíbe la carne, el queso, ni la leche, porque solo incluye una pequeña cantidad de otra de las tres cada dos días. Adicionalmente, solo acepta muy pocas bebidas y, únicamente, bajo la forma de infusiones calientes. Para quienes están en un nivel más elevado, los menús incluyen cereales completos y muy pocas leguminosas; por este motivo especialistas en nutrición consideran que la dieta macrobiótica es la más desequilibrada de las alimentaciones filosóficas.

Algunas reglas de la macrobiótica

Otras reglas de la macrobiótica merecen especial atención, tales como masticar bien, aunque no sean las cincuentas veces para cada bocado, como lo hacen los macrobióticos de obediencia clásica, además de acostarse y levantarse temprano, tomar una ducha tibia todas las mañanas y caminar diariamente una hora al aire libre.

Al respecto, los nutricionistas afirman que desde las más equilibradas hasta las más deficitarias, todas estas filosofías alimentarias tienen un punto en común, porque unas promueven la elevada ausencia de alimentos, mientras otras apoyan la ingestión de comidas demasiado abundantes, que favorecen los excesos en la alimentación.

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