La medicina ayuda a los pacientes a sanar las enfermedades, pero no preserva las condiciones de la Salud en contra de la voluntad del individuo. El buen uso de la medicina consiste en saber, con frecuencia, evitar la enfermedad y el accidente, además de condiciones como la insalubridad o los descontroles dietéticos.

Frecuentemente los médicos, ante ciertos pacientes, tienen una impresión bastante desalentadora, la de tener a dos adversarios: la enfermedad y el enfermo. En efecto, hay muchos hábitos poco saludables en la población, tales como el consumo regular de tabaco, de alcohol y de un exceso de grasas y azúcares, todo ello combinado con la falta de ejercicio físico y una prolongada vida sedentaria.

Pero no es necesario creer que una buena higiene de la vida consiste en renunciar a todos estos hábitos o costumbres cotidianas. Por el contrario, se trata de que al tener un cuerpo perfecto, las personas sepan aprovecharlo lo mejor posible. Las enfermedades son fenómenos naturales, pero aquellas que no se pueden prevenir son bastante numerosas, especialmente en las sociedades modernas o en aquellas con elevados niveles de pobreza, carentes de servicios sanitarios.

Incorporar hábitos saludables cotidianamente

Los médicos ciertamente recomiendan tomar determinadas precauciones, que conducen a conservar cierta disciplina de la vida.

Aprender a vivir con hábitos saludables no representa dificultades en el ser humano, en comparación con todas las molestias en la salud que pueden evitarse.

Muchas veces sin darse cuenta, el obeso agota su corazón bajo su propio peso y su páncreas con un exceso de azúcares. A veces, sin ser obesos, los que consumen demasiadas grasas “atascan” sus vasos sanguíneos con una especie de película lipídica, llamada ateroma o arterioesclerosis.

Aquellas personas que comen pocas frutas o legumbres frescas propician una sensibilidad a las infecciones y al estreñimiento.

Y dejar a un lado los lácteos puede ocasionar la falta de sustancias esenciales como el calcio. Por otra parte, sin privarse demasiado del chocolate o de pequeños dulces, es posible tener una alimentación variada y equilibrada.

Diferencias alimentarias entre algunas naciones

Investigaciones sobre la salud mundial afirman que si el aporte calórico de los habitantes de Bengala o de Malí, con frecuencia es insuficiente, los ciudadanos de los países occidentales se alimentan con grandes excesos y de una forma desequilibrada.

En general, es evidente que los europeos de fines del siglo XX no murieron de hambre, sin embargo, especialistas en alimentación afirman que, durante esa época, la mayoría se afectaron por una alimentación deficiente. Los regímenes dietéticos dañinos también perjudican actualmente a la gente que habita en los países en vías de desarrollo.

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