Todos los pueblos y las clases sociales en su totalidad, sin excepción, consumen carnes rojas o blancas, siempre que continúe aumentando su nivel de vida y esta alza representa, cada vez cantidades más considerables de este alimento “noble”, símbolo de fuerza.

Durante hace varios siglos, los platillos a base de carnes figuran excepcionalmente en el menú de los obreros, en el campo, en los hogares, en los comedores de las oficinas, en los restaurantes y comercios. Los variados tipos de consumo de este alimento mejoran cada día; el cerdo, las aves o el conejo son un ejemplo de esta gran diversidad.

Pero la carne, y más precisamente la carne de res, es un ingrediente mucho más demandado por la gente y un ingrediente líder en las comidas de todos los días, las celebraciones y muchas otras ocasiones sociales.

Algunas estadísticas antiguas revelan el alza que, años atrás, se venía registrando en la demanda de carnes rojas. Desde 1840 hasta 1936, el consumo anual promedio en Francia se duplicó: 42 kilogramos, en lugar de 20 kg. El aumento en la demanda de este alimento sigue en auge, lo cual revela que es un ingrediente muy demandado en las dietas balanceadas de muchas familias.

Las carnes tienen muchas cualidades nutricionales, pero no es un alimento absolutamente indispensable para asegurar la Salud. Las proteínas bien equilibradas que ella suministra existen también en otros alimentos: pescados, huevos y quesos. Adicionalmente, no es necesario consumir mucha cantidad para equilibrar el aporte de proteínas vegetales de menor valor biológico.

Aportes vitamínicos de las carnes

Las carnes también son consideradas como buenas fuentes de nutrientes vitales para el organismo humano. Una presentación de 100 gramos equivale entre 2,5 a 3 mg de hierro.

Su composición nutritiva también incluye vitaminas B1 y B2, cobre y fósforo, muy apropiadas para la conservación de la salud y la prevención de enfermedades.

Recomendaciones sobre el consumo de carnes rojas

Aun cuando las carnes son una fuente importante de proteínas en las dietas, es necesario siempre recordar que tienen un aporte menos benéfico: las grasas. Y muchos nutricionistas se esfuerzan continuamente en enseñarle a la gente las mejores formas de comer carnes, tanto rojas como blancas.

Para disminuir el consumo de lípidos saturados, los especialistas en alimentación señalan que es necesario comer menos cantidades de carnes y aumentar el consumo de productos cereales, los cuales ayudan al organismo por su valor proteico y calórico.

Otro de los consejos consiste en reemplazar, siempre que sea posible, las carnes rojas por las aves, debido a que son menos grasas, también pueden sustituirse por el pescado, aún menos graso y menos saturado.

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