Cuando las personas padecen de fiebre su alimentación debe adecuarse a esta condición de Salud, porque los estados febriles dejan a los pacientes con varios síntomas, entre los cuales se encuentra la debilidad del organismo. Al tener fiebre, la dieta sistemática impuesta con demasiada frecuencia al enfermo, niño o adulto, es una necesidad para ayudarlos a recuperarse.

Para ayudar a los enfermos con fiebre es aconsejable suministrarles: agua, sal, glúcidos y proteínas, pues de lo contrario se corre el riesgo de provocar muy artificialmente nuevas complicaciones, que ya no se deberían al agente causante, sino a una mala dietética; de acuerdo al Dictionnaire de diéthétique et de nutrition, de M. Apfelbaum.

Si la fiebre, cuando se ha restablecido, prácticamente no aumenta los gastos energéticos, no ocurre lo mismo durante su ascenso y más en los casos de estados febriles repetidos.

En los casos de fiebres severas, teóricamente con la pérdida de algunos kilos de reserva de grasas, recuperados en la convalecencia, el organismo puede hacer frente a estos gastos, inclusive mayores. Sin embargo, ciertas necesidades permanentes o aumentadas por el estado febril, solamente pueden cubrirse mediante un aporte exterior.

Cuidar la dieta cuando hay fiebre

Investigaciones médicas y científicas revelan que el cerebro y el sistema nervioso central solo funcionan con glucosa.

Si no se reciben por las vías alimenticias, el organismo las fabrica a partir de las proteínas corporales, en un proceso llamado gliconeogénesis. En los estados febriles se estima que el aporte de glúcidos para los pacientes debe ser de 150 gramos mínimo.

La fiebre acelera la destrucción proteica dentro del organismo, pero disminuye las reacciones de reconstrucción. El aporte óptimo se estima en 50 gramos de proteínas por día, la mitad de las cuales deberían ser - por lo menos - de origen animal, porque son las mejores utilizadas. Este aporte, al igual que el suministro de glúcidos son importantes para favorecer la pronta recuperación.

La fiebre demanda más hidratación

Finalmente, las necesidades energéticas, de agua y de sal aumentan en las personas con fiebre, especialmente al subir y bajar los estados febriles. Normalmente, estos dos períodos van acompañados casi siempre de transpiración abundante. Los cuidados en la alimentación deben mantenerse durante el tiempo de duración del estado febril, especialmente si transcurren varios días.

Los jugos elaborados con frutas frescas aportan suficientes vitaminas y son ideales para quienes padecen de fiebre, sin embargo, es importante suministrarlos a una temperatura natural, sin nada de frío. Se pueden endulzar, para cumplir con los requerimientos de hidratos de carbono, lo cual también favorece la pronta recuperación.

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