Los avances en el campo de la higiene, en diferentes países, han contribuido a aumentar la esperanza de vida de las personas de la tercera edad, en particular en relación a los buenos hábitos nutricionales y han hecho retrasar la aparición de enfermedades y las manifestaciones de envejecimiento.

Muchos aspectos son considerados al momento de evaluar las condiciones de Salud de una persona mayor, entre las cuales tienen especial importancia factores como: el tipo de alimentación que regularmente recibió durante la mayor parte de su vida, la actividad laboral que desarrolló durante largos años, el estilo de vida (sedentaria o deportiva), los hábitos nocivos como el cigarrillo o el consumo excesivo de bebidas alcohólicas.

Algunos nutricionistas afirman que las condiciones de vida de un individuo de la tercera edad son el reflejo del modo de vida que llevó desde niño. Aseguran que son pocas las ventajas que se pueden obtener en los ancianos, al introducir cambios radicales en la alimentación, solamente con el pretexto de tener 60, 70 y hasta 80 años de edad.

Los hábitos debieron adquirirse en edades jóvenes, entre ellos comer diariamente vegetales, frutas, alimentos con fibras como la avena o el trigo, tomar mucha agua, evitar el exceso de las carnes rojas o blancas fritas, los alimentos muy condimentados y los dulces son algunas de las recomendaciones básicas, que mucha gente debe considerar a la hora de comer.

Cambios fisiológicos por la edad

Las mucosas del aparato digestivo comienzan a modificarse insensiblemente hacia los veinte años. Es común observar como muchas personas de la tercera edad suprimen las preparaciones “que no digieren” tan bien como antes. Hacia los cuarenta años es cuando hay razón para restringir el consumo de las grasas, porque muchos comienzan a notar ciertos cambios en la forma de digerirlas.

Expertos en nutrición consideran que hacia los cincuenta años ya no se absorbe muy bien el calcio y, con prudencia, se debe vigilar el consumo suficiente de productos lácteos, los cuales deberán ser no demasiado grasos. Igualmente, intervienen muchos factores hormonales.

Las modificaciones que se deben hacer a la alimentación por razones de edad, es conveniente iniciarlas progresivamente y lentamente, a través de toda la vida; tales como eliminar el azúcar o reducir el consumo de sal.

Las dietas están sujetas a las condiciones de vida de los ancianos

Otros factores también intervienen en los hábitos alimenticios de los ancianos, entre ellos se encuentran: los económicos, recursos a menudo muy restringidos; sociales, psicológicos, como la soledad o aislamiento y mecánicos, como dentaduras mal conservadas o prótesis mal adaptadas.

En el caso de la tercera edad y la forma apropiada de asegurar su adecuado mantenimiento se recomienda vigilar el peso, orientar con nutricionistas una alimentación adecuada, promover la realización de actividades físicas suaves y de acuerdo a la condición del anciano, cuidar los dientes o adaptar las prótesis, tratando de buscar en cada grupo de alimentos las preparaciones de masticación más fáciles.

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