Una alimentación sana puede incluir a los pescados como fuente principal de proteínas, por su importante contenido nutricional, el cual ofrece valiosos aportes al cuerpo humano. Los pescados, los crustáceos y los moluscos, sin cáscara, son tan buenas fuentes de vitaminas, como las carnes rojas o blancas.

Los mariscos son más ricos que el pescado en elementos minerales, tales como fósforo, magnesio, cobre y, especialmente, hierro y yodo.

Mientras, los pescados y los crustáceos son buenas fuentes de vitaminas del grupo B. Los nutricionistas señalan que los platillos elaborados a base de pescados grasos son una excelente fuente de vitaminas A y D, siempre y cuando se les prepare sin muchos condimentos o fritos en demasiadas cantidades de aceite, que les hagan perder sus cualidades.

Las dietas balanceadas y el pescado como fuente de proteínas

Una fuente animal notable de vitamina C se encuentra en los mariscos, especialmente en las ostras, por ello es importante considerarlo como un alimento necesario en las dietas balanceadas si se quiere consumir como un sustituto de las carnes, especialmente si las familias viven en zonas cercanas al mar, debido a que es más fácil conseguir frescos estos alimentos.

La diferencia más notable entre las carnes y los productos de la pesca se relaciona con los lípidos, estudios científicos revelan que los pescados se clasifican en grasos y magros. El más graso de los pescados es la anguila, que contiene un 25% de lípidos, no obstante, este valor de sitúa por debajo de muchas porciones de cerdo o de ternero. Esta cantidad que grasa que posee la anguila varía en función del período de desove, usualmente es menor luego de esta etapa.

Las cualidades nutricionales de la anguila lo convierten en un pescado muy codiciado en muchos países.

Por otra parte, la mayoría de los pescados que se consumen en el mundo son más magros que las carnes y, con frecuencia no grasos, normalmente contienen 1% de lípidos. Todos son una excelente fuente de proteína animal y altamente recomendados en las dietas balanceadas o equilibradas. La forma más sana de consumirlos es asados a la parrilla o al horno, con pocos condimentos y aderezados con limón y poca sal, dado su agradable sabor la preparación de los pescados no exige muchos ingredientes, a menos que se requiera preparar una receta especial, con otras características.

El reconocimiento de la frescura de los pescados

Todos los frutos del mar son productos alimenticios frágiles, especialmente en relación a su conservación. Antes del desarrollo de la industria frigorífica y de los transportes rápidos era difícil llevarlos hasta las ciudades lejanas del mar o los sitios apartados, especialmente aquellos con temperaturas cálidas. Actualmente, los avances tecnológicos, junto con una reglamentación estricta y numerosos controles, permiten la disponibilidad de productos en buen estado de frescura.

A la hora de comprar pescados es recomendable que los consumidores los adquieran en establecimientos, donde puedan observar a los pescados en áreas cubiertas de hielo. El olor debe ser ausente, excepto aquel más bien agradable que recuerda el olor de las algas y la marea, solamente la raya tiene normalmente un ligero olor amoníaco. Mientras, su aspecto debe tener escamas adherentes, piel tensa y bien coloreada, brillante, nacarada y metálica.

La zona del abdomen no debe estar hinchada, ni hundida; los ojos deben estar claros y brillantes, ligeramente salientes. Estos consejos ayudan a los compradores a aprender a adquirir los pescados más frescos, listos para ser preparados en el hogar, en platillos que dejarán buenos aportes nutricionales.

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