La célula es la unidad más pequeña que tiene las propiedades de la vida, entre las cuales se encuentran: conservarse, desarrollarse, nutrirse y reproducirse. Un ser humano posee alrededor de un millón de billones de células. La célula reproductora masculina es el espermatozoide, mientras la femenina corresponde al óvulo. Dentro de cada célula se encuentra el núcleo, que contiene los elementos esenciales de la vida: los cromosomas.

El ADN

Investigaciones científicas revelan que los cromosomas parecen unos hilos largos que van por pares, a excepción de las células reproductoras.

Estos hilos están formados por moléculas de ácido desoxirribonucleico, también llamado ADN. Las moléculas de ADN se enrollan sobre sí mismas, tomando la forma característica de cadena helicoidal: su combinación forma los genes.

Todo gen es un elemento de cromosoma que contiene la “fórmula” de una parte de nuestro cuerpo, bajo la forma de un “código”, cada una de cuyas letras es una molécula de ADN. Estudios realizados por biólogos revelan que aspectos en la apariencia física de las personas, como la forma de la nariz, la longitud de los miembros, el color de los ojos; así como la propensión a contraer enfermedades están registradas a lo largo de los cromosomas.

Las características genéticas son, al mismo tiempo, el catálogo y el plano de ensamblaje de los órganos: existen no solamente desde el nacimiento, sino desde la concepción. Este plano se reproduce en cada una de las células.

Los 23 pares de cromosomas humanos envían mensajes o instrucciones a las células para funcionar de una manera determinada, tales como: hacer crecer el cuerpo del niño, cicatrizar heridas, luchar contra enfermedades, aprender a caminar, entre otras. Estas instrucciones también determinan el sexo del individuo.

Un total de 22 pares de los 23 pares de cromosomas son idénticos. Pero el vigésimo tercer par corresponde a los cromosomas sexuales: idénticos en la mujer, cromosomas XX; y diferentes en el hombre XY.

El envejecimiento

Con el transcurrir de los años, el plano o catálogo genético, demasiadas veces releído por el organismo se deteriora y el cuerpo envejece. La rapidez de esta degradación está asociada a ciertos genes, lo que significa que la duración máxima de la vida está determinada desde la concepción.

De esta manera, la historia de la vida del hombre o la mujer comienza mucho antes de su nacimiento, específicamente en el instante del apareamiento de dos minúsculas células sexuales masculina y femenina: el espermatozoide y el óvulo. A partir de la concepción, la unión cromosómica de las dos células reproductoras regula la originalidad y el carácter único del ser humano que está por nacer.

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