La realización de deportes en la mujer requiere vigilancia debido a las características del cuerpo femenino. Factores como el ciclo menstrual, el embarazo y el parto son acontecimientos de la vida del cuerpo femenino que se deben considerar, cuando la mujer practica ejercicios con regularidad y, especialmente, cuando está comenzando a incorporar estas rutinas, dentro de sus jornadas habituales.

Las investigaciones médicas en relación al deporte femenino, señalan que durante el ciclo menstrual, no se debe prohibir la práctica deportiva.

Sin embargo, sí es prudente desaconsejar la práctica de ejercicios violentos. La sensación de malestar, variable según las mujeres, puede ocasionar una disminución de la intensidad de los ejercicios o de la cantidad de días que éstos se practican semanalmente.

Algunas condiciones particulares durante el ciclo menstrual pueden afectar en el ritmo de la realización de los ejercicios físicos, como un sangrado abundante o dolores de vientre intensos. Sin embargo, si ambos malestares son suaves y tomando en consideración que son pasajeros, es recomendable no suspender las actividades deportivas.

El embarazo y las actividades físicas

Por otra parte, los estudios médicos también advierten que el embarazo no debe ser sinónimo de sedentarismo. Sin embargo, se impone la suspensión inmediata de los deportes que impliquen riesgos traumáticos, de los deportes de contacto y de los deportes de fuerza pura. También se desaconsejan los deportes colectivos, tales como: el esquí, la equitación, las carreras a pie, el judo, la gimnasia de competencia, los saltos, los lanzamientos, el andinismo, el buceo y los deportes mecánicos, entre otros.

Durante el segundo y tercer trimestre de embarazo, la pared abdominal está expuesta a choques directos e indirectos. Por lo tanto, cualquier actividad física debe ser moderada. La caminata, el paseo en bicicleta y la natación son los más aconsejables, porque tienen un interés de higiene general, mejoran la circulación sanguínea y pueden evitar un aumento de peso demasiado considerable.

Por otra parte, la práctica de una actividad física que exponga a los rayos del sol en este período debe ser prudente, porque existe el peligro de que aparezcan manchas en la cara durante el embarazo, llamadas cloasmas, a veces definitivas.

El deporte y el parto

Los expertos también señalan que el parto con frecuencia es más fácil, si se practica una actividad deportiva; el hábito de los esfuerzos deportivos hace que éste sea menos doloroso. Las estadísticas indican que la duración del trabajo de parto es claramente más corta, las complicaciones menos numerosas y las cesáreas menos frecuentes entre las deportistas.

La reanudación de las actividades físicas se puede iniciar desde el día 45 después del parto, siempre y cuando el examen ginecológico sea normal, que la mujer no lacte y que las menstruaciones abundantes hayan desaparecido.

La reeducación después del parto, que cada vez prescriben más los médicos, constituye ya una nueva puesta en condición, que prepara para la reanudación de las actividades físicas. Entre las deportistas, el regreso al estado anterior de forma física, después del parto, es mucho más rápido que entre las mujeres sedentarias.

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