En las sociedades contemporáneas muchas parejas no se casan legalmente, los registros evidencian que hay una disminución real en el porcentaje de parejas que se casan ante un juez, pero sí ha aumentado la cantidad de divorcios. La separación legal de los cónyuges implica un considerable gasto financiero, por el pago de honorarios a los abogados, pero el más grave es el costo emocional que supone el nuevo estatus social para los padres divorciados y el efecto que causa en los hijos.

En las sociedades modernas se están presentando grandes cambios en relación al concepto de familia. Los sociólogos consideran que estas transformaciones han afectado significativamente la forma como se están conformando las parejas. Mucha gente hoy en día no se casa, solamente viven juntas y, al parecer, esta convivencia en libertad es más conveniente que el matrimonio legal.

Se ha comprobado que aquellas parejas que viven juntas, sin casarse, son más sólidas y estables que quienes se casan ante un juez.

Los matrimonios legales, hoy en día, son de corta duración. Los psicólogos advierten que “la presión” que puede sentir tanto el hombre, como la mujer, tras firmar los documentos legales matrimoniales, puede ser muy sofocante y es por ello que la solución es el divorcio.

La complejidad del divorcio

Aunque divorciarse debería ser tan simple como casarse, en las sociedades modernas no lo es. En lugar de esto, son necesarios procesos costosos, tanto a nivel financiero, como a nivel afectivo, lo que es mucho más grave.

Algunos países tienen legislaciones muy estrictas en torno al matrimonio. Afortunadamente está permitido el divorcio fácil y rápido, cuando se descubre que uno de los esposos padece una enfermedad mental. Mientras en épocas antiguas estaba prohibido divorciarse de un cónyuge con certificación de enfermedad mental; hoy, el diagnóstico de enfermedad mental de un cónyuge sirve de autorización automática para el divorcio.

En muchos países actualmente se realizan cambios en el marco legal del divorcio y se están simplificando las formalidades para ayudar a los esposos a separarse. El aspecto más exigente se refiere a la separación de bienes adquiridos en común, la custodia legal de los hijos pequeños y la pensión alimentaria.

Los efectos emocionales que deja el divorcio

En ocasiones el divorcio no significa solamente la ruptura emocional, supone también una disputa, un desgarramiento y un enfrentamiento emocional violento entre la pareja.

En resumen se suman sentimientos agravantes a la depresión que acompaña al fracaso del divorcio. Para algún miembro de la pareja, el tener que aliarse con abogados en contra de alguien con quien se ha compartido una vida y la intimidad, es un proceso que genera angustia, ansiedad, decepciones, rencores, disgustos y depresión.

Los efectos psicológicos que deja el divorcio pueden tardar años en curarse, especialmente si la pareja tuvo hijos.

Es difícil para el hombre y la mujer dejar de recordar los agradables momentos vividos conjuntamente. El divorcio es un marco penal que contribuye a llevar a sus protagonistas a enfrentarse, el uno con el otro, y con todas sus fuerzas. Mientras los hijos se convierten en apuestas y en un motivo para un campo de batalla.

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