Muy recomendada para los niños, la siesta es eficaz para facilitar el aprendizaje y estimular la creatividad. Sin embargo, no se aconseja para los adultos mayores, debido a que les resta la posibilidad de un sueño nocturno placentero, el cual debe tener una duración promedio de 8 horas. Mientras, que la oportunidad de la siesta no tiene importancia para la mayoría de los trabajadores de los países desarrollados.

La siesta en la oficina, en el taller o detrás del arado, generalmente no es muy común. Pero no siempre ha sido así, porque los primeros hombres que tenían que trabajar de una manera intensa y continua, fueron los esclavos de la antigüedad y ellos sí que hacían siestas. La práctica regular de dormir, al menos una hora, después del almuerzo se mantiene todavía en algunos países y obedece a rasgos culturales y climáticos.

Las investigaciones médicas sobre el sueño señalan que los trabajadores que experimentan una gran fatiga al término de un día de trabajo, sin duda sacarían ventaja al fraccionar su actividad en etapas de reposo de unos diez minutos, por cada tanda de noventa minutos. Los especialistas advierten que las tareas más regulares implican un reposo corto, en tanto que los esfuerzos intensos necesitan - con toda seguridad - un tiempo de recuperación más considerable.

La siesta es un hábito relacionado con rasgos culturales

En realidad, el reposo diurno lo determinan factores culturales y sociales. En todo el mundo hay poblaciones enteras que hacen la siesta; las más próximas están alrededor del mar Mediterráneo. La justificación de la siesta es cultural, y está ligada a condiciones climatológicas: el calor de pleno mediodía obliga a los hombres a refugiarse en sus casas frescas, cerrar las ventanas y dormir.

La práctica de la siesta, básicamente está relacionada con la cultura y se transmite como una costumbre de una generación a otra.

Los turistas de piel demasiado blanca y sensible se evitarían bastantes molestias si se informaran, acerca de las costumbres de sueño, que tienen los habitantes de un lugar playero o cerca del océano. En estas localidades, al no hacer siesta se corre el riesgo de acumular en las horas agobiadoras de calor, una fatiga inútil y una irritación nerviosa, que impide conciliar el sueño por la noche.

Sin embargo, hay que saber preparar la siesta. No es un momento de somnolencia; debe ser la oportunidad de un verdadero reposo y de un retiro. Es necesario volver a crear las condiciones más similares, que se acerquen a las del sueño nocturno: atenuar la luz y los ruidos, como desconectar el teléfono; adoptar posiciones psíquicas atenuando las preocupaciones y, sobre todo, optar por una comida ligera.

Los excesos alimenticios y el licor perjudican la calidad del sueño

Los doctores también señalan que para hacer buenas siestas es necesario evitar los excesos de comidas grasas y bebidas alcohólicas, porque evitan que las personas alcancen las fases del sueño profundo con facilidad. La siesta no es una anomalía. Más bien parece que corresponde a una necesidad, negada por las circunstancias sociales, porque durante la vigilia se persigue la alteración de las fases pasivas y activas del sueño.

Las investigaciones científicas revelan que los cortos períodos de sueño, durante el día, tienen una influencia benéfica sobre la actividad general. Cuando se somete a pruebas de concentración o de rendimiento intelectual a dos grupos de sujetos, de los cuales uno trabaja continuamente y el otro en etapas de una hora y media con descansos de diez minutos, éste último obtiene resultados siempre superiores, y el sueño nocturno no parece afectarse por ello.

¡No te pierdas nuestra pagina de Facebook!!
Haz clic para leer más