El calentamiento es necesario antes de cualquier actividad física, el mejor método es comenzar con una etapa durante 10 a 15 minutos, a un ritmo primero muy suave y luego en un progreso lento de intensidad, mientras que la duración dependerá de la disciplina deportiva a practicar.

Generalmente, el calentamiento deportivo se realiza siguiendo un orden en los movimientos, por medio de un conjunto de ejercicios musculares y articulares ordenados gradualmente, con la finalidad de preparar al organismo para un mejor rendimiento a nivel físico, con el objetivo de evitar contracciones o cualquier otro tipo de lesiones.

Algunos estudios científicos demuestran que el período de calentamiento permite al aparato cardiovascular adaptarse, sin cambios bruscos, y a todos los vasos sanguíneos musculares abrirse para obtener un mejor aporte de oxígeno. Cuando las personas practican deportes que requieran una gran flexibilidad articular, se debe hacer trabajar a todas las articulaciones en una amplitud lentamente progresiva, sin forzarlas nunca, a fin de evitar esguinces, elongaciones o distensiones.

Vigilar los esfuerzos intensos durante el deporte

Así como es indispensable calentarse, nunca hay que suspender repentinamente un esfuerzo intenso; por ejemplo, se recomienda continuar caminando, corriendo o pedaleando lentamente. Los expertos señalan que 5 a 10 minutos de ejercicio suplementario, a un ritmo muy suave, permiten evitar cualquier malestar, y una verdadera pérdida de conocimiento que pueden provocar perturbaciones demasiado bruscas de la tensión arterial.

En cuanto a la ropa deportiva, hay que quitárselas lentamente calentándose, pero hay que velar por no enfriarse, especialmente si enseguida el deportista debe ingresar a una competencia y continuar esforzándose.

Las señales fisiológicas de alarma

Como la naturaleza es previsiva, en el organismo humano existen numerosas señales de alarma. Los doctores en medicina deportiva advierten que no hay que descuidar un dolor persistente, especialmente a nivel del pecho y que solo aparece con el ejercicio.

Otros ejemplos se estos síntomas son un ahogamiento normalmente pronunciado o persistente, una dificultad para respirar, un pulso demasiado rápido, un corazón que late extremadamente, una fatiga excepcional, sudores más abundantes de lo normal, piernas adoloridas, calambres, temblores o escalofríos en medio del ejercicio, entre otros. Estas señales son verdaderas advertencias y es necesario detener el ejercicio.

Aunque para muchas personas, algunos síntomas durante la práctica deportiva son triviales, es preferible atenderlos con el médico, porque pueden tener una importancia, de la cual muchas veces no se tiene ninguna sospecha.

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