Los deportistas utilizan la medición del pulso para controlar los esfuerzos durante el entrenamiento, sin embargo, en las diferentes situaciones de la vida cotidiana este no siempre es regular y el ejercicio físico contribuye a su aceleramiento. La vigilancia del pulso representa aportes para el control de la Salud muy valiosos, tal es el caso de ciertos individuos que presentan una arritmia respiratoria considerable, porque el corazón se acelera o baja el ritmo, en función de la inspiración o de la espiración.

Los entrenadores enseñan a sus alumnos a controlar el pulso, especialmente durante las sesiones deportivas, con la finalidad de ayudar a las personas a conocer su importancia para la salud. En caso de encontrar niveles muy altos o excesivamente acelerados y no acordes con el esfuerzo físico, hay que consultar con el médico.

Los especialistas en medicina deportiva señalan que, el ritmo promedio del pulso para una persona en reposo es de 70 a 80 pulsaciones por minuto.

Se denomina bradicardia a un ritmo cardíaco lento, cuando el pulso promedio en reposo sea inferior a 50. La taquicardia se manifiesta con un ritmo cardíaco acelerado, en el que el pulso es superior a 100 pulsaciones.

Por otra parte, la frecuencia máxima disminuye con la edad. Médicos suecos han constatado que disminuye alrededor de una pulsación por minuto cada año. Este descenso en la frecuencia cardíaca no tiene repercusión alguna en la capacidad para realizar esfuerzos, ni en la evaluación de la forma física del momento.

Vigilar el pulso durante el esfuerzo físico

Durante cualquier esfuerzo físico, la frecuencia cardíaca se acelera. Ella permite el aumento del rendimiento cardíaco, del aporte de oxígeno a nivel celular durante el trabajo de las células musculares básicamente. Pero más allá de 170 a 180 pulsaciones por minuto, el rendimiento cardíaco no aumenta más, porque el corazón no tiene tiempo de llenarse entre cada contracción.

Para obtener una mejora de la condición física y aprovechar los beneficios cardiovasculares del deporte, se recomienda hacer ejercicios largos y regulares para una frecuencia de, por lo menos, 120 pulsaciones por minuto. Por debajo de esta cifra, no se logra ningún progreso. Sin embargo, en las personas mayores es recomendable reducir la intensidad del ejercicio físico.

Los doctores explican que la vigilancia del pulso en el esfuerzo es fundamental.

Durante algún partido o una caminata, es fácil detenerse un momento para tomarse el pulso. Además, pequeños aparatos comerciales permiten medirlo sin tener que contar; algunos de ellos emiten señales sonoras que facilitan la medición.

La medición del pulso en reposo

Finalmente, después de los esfuerzos físicos, el regreso a la frecuencia cardíaca en reposo no es inmediato y, si los esfuerzos han sido intensos o prolongados, el pulso puede seguir acelerado, de 10 a 20 pulsaciones por minuto durante algunas horas.

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