El sexo del hijo está genéticamente determinado en el momento de la fusión entre el óvulo materno y el espermatozoide paterno. Este hijo hereda la mitad de los cromosomas de cada uno de los padres, inclusive en lo referente a los cromosomas sexuales, X y Y.

Las investigaciones científicas en torno a la reproducción humana demuestran que, en el hombre como en todos los mamíferos, la mujer solo elabora gametos (células sexuales) neutros e idénticos, que llevan el cromosoma X. En cambio, el macho elabora dos tipos de gametos o espermatozoides, unos llevan el cromosoma X y otros un cromosoma diferente, que no existe sino en el macho, llamado Y, en razón de su conformación particular.

En el momento de la concepción, si el hijo recibe además de un primer cromosoma X de su madre, un segundo cromosoma X de su padre, es una niña; si recibe un cromosoma Y, es un varón.

Los padres y el deseo de seleccionar el sexo del bebé

Escoger el sexo de los hijos es uno de los sueños más antiguos de la humanidad. Los estudios revelan que el filósofo griego Aristóteles afirmaba que los varones debían ser concebidos después de la fecundación por los “vientos del norte”, mientras que los “vientos del sur” favorecían la concepción de las mujeres.

Otro antiguo criterio en torno a la posible selección del sexo de los niños lo aportó Empédocles, médico y filósofo griego, que vivió en la ciudad italiana de Agrigento en el año 500 A.

de C., quien afirmaba que la fecundación inmediatamente después de la menstruación era necesaria para tener hijas, mientras que en la Edad Media, se decía que el plenilunio se prestaba más felizmente a la procreación de varones. Para muchos filósofos y médicos estas afirmaciones siguen siendo mitos.

Los cromosomas más resistentes

La idea de una vinculación entre el hijo que va a nacer y el momento de la relación fecundante en referencia a la ovulación, fue recogida por numerosos investigadores en muchos países. Para los científicos norteamericanos Shettles y Guerrero, la proporción de varones es más considerable si la relación fecundante se sitúa antes o en el momento de la ovulación, mientras que hay un número mayor de mujeres, si la relación está más lejos de la ovulación.

Algunos estudios científicos avalan esta teoría, porque los cromosomas X, portadores de feminidad, serán más resistentes y aptos para sobrevivir por cuando su ascenso en el útero es favorable; mientras que los cromosomas Y, más rápidos y más numerosos pero menos resistentes, sólo llegarían al óvulo si este está listo para recibirlos inmediatamente.

Sin embargo, la teoría más relevante en torno a este tema sigue siendo la selección genética que el organismo humano femenino continua realizando naturalmente en el momento de la fecundación, proceso a través del cual los dos gametos, masculino y femenino, se fusionan para crear un nuevo individuo.

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