Aunque la toxicidad del alcohol es conocida desde hace muchos años, su consumo sigue siendo excesivo en muchas sociedades, ante la presencia de numerosas campañas que alertan sobre la necesidad de controlar el consumo de bebidas alcohólicas, la cual mucha gente ignora hasta que el organismo le indica su poca tolerancia al licor.

Las investigaciones científicas sobre el consumo de alcohol afirman con certeza que propicia el cáncer de la boca, de la garganta, del esófago y del estómago, además de su nociva acción sobre el hígado.

Efectivamente, este es el órgano encargado de destruir el alcohol ingerido por el tubo digestivo.

Los estudios afirman que hasta el equivalente a medio litro de vino por día para un adulto, el hígado cumple con su tarea sin mayor trabajo, mientras el organismo del niño, incompletamente desarrollado, es mucho más vulnerable: para él se debe prohibir todo consumo de alcohol. Con todo, cuando a este medio litro se agregan aperitivos, digestivos, “el último vaso”, “una copa entre amigos” y una cerveza bien fría, el hígado hace lo mejor que puede, pero se cansa.

La cirrosis hepática tiene relación con el consumo excesivo de alcohol

Al cabo de unos años, el organismo ya no puede más y es cuando ocurre la cirrosis o la insuficiencia hepática. Se trastorna la asimilación de los alimentos, se obstruyen los vasos sanguíneos que llegan al hígado y pueden romperse, provocando hemorragias muy serias, pues la sangre se coagula mal cuando el hígado no funciona bien.

Por otra parte, tras el consumo excesivo de bebidas alcohólicas, el cerebro puede afectarse con sustancias tóxicas que el hígado no puede eliminar de la sangre y de ahí viene la pérdida de la memoria, la irritabilidad y la depresión.

Es importante observar también que el alcohol retarda los reflejos, lo cual hace muy peligrosa la conducción de un automóvil.

Además, el alcohol da calorías con las cuales el organismo no sabe qué hacer. Con frecuencia se consume alcohol, suponiendo que proporciona energía al cuerpo humano, pero que no hace efecto alguno sobre el cansancio. Los expertos afirman que sobriedad no significa abstinencia, porque ciertamente la gente puede ingerir una dosis razonable de bebidas alcohólicas y saborear un buen vino evitando el alcoholismo.

El alcohol y sus dañinos efectos psicológicos

El consumo excesivo de alcohol trae consecuencias negativas psicológicas, las cuales se reflejan en todos los ámbitos de la vida de quienes beben licor en exceso, tales como rupturas de relaciones, humillaciones, agresiones y peleas. Estos desórdenes afectan no solamente la vida de estas personas, sino también de quienes la rodean.

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