Comer adecuadamente significa mantener, en la medida de lo posible una dieta sana, baja en grasas, azúcares y carbohidratos; pero la voluntad individual es fundamental para prevenir enfermedades, además de sanar algunas dolencias que pueden alarmar innecesariamente a mucha gente.

De acuerdo a algunos estudios sobre nutrición, las formas de alimentación siempre están unidas a las particularidades de cada región o país. Por ejemplo, en general los europeos de fines del siglo XX no murieron por hambre y eso es evidente.

La mayoría de estas personas se ven afectadas por otros hábitos, como una mala nutrición y utilizan para ellos el mismo término, que se emplea para la gente insuficientemente nutrida de los países en vías de desarrollo.

Por ejemplo, si el aporte calórico de los habitantes de Haití o Malaui, con frecuencia es insuficiente, los ciudadanos de los países occidentales se alimentan súper abundantemente, pero en una forma desequilibrada.

La obesidad y sus riesgos

Muchos estudios confirman que el obeso agota su corazón bajo su propio peso y su páncreas con un exceso de azúcares.

A veces, sin ser obesos, los que consumen demasiadas grasas “atascan” sus vasos sanguíneos con una especie de película lipídica, el ateroma (la arteriosclerosis).

Uno de los hábitos muy necesarios de incorporar consiste en la incorporación de frutas y vegetales a las dietas diarias, esto básicamente porque comer pocas frutas y legumbres frescas, propicia la sensibilidad a las infecciones y el estreñimiento.

Por otra parte, dejar de lado los lácteos puede ocasionar la falta de sustancias esenciales como el calcio.

Las dietas saludables no implican reglas demasiado estrictas y son efectivas para prevenir la aparición de enfermedades muy comunes en las sociedades contemporáneas. Sin privarse demasiado de chocolate o de pequeños manjares, es posible tener una alimentación variada y equilibrada.

La mejor forma de comer durante el día

Ese equilibrio de la naturaleza de los alimentos también debería existir en su repartición durante el día: una comida muy ligera, pero no un ayuno, se puede digerir mucho mejor que un almuerzo pesado. Aunque los expertos en nutrición han señalado en reiteradas ocasiones que las comidas muy abundantes pueden ser dañinas, mucha gente sigue manteniendo este hábito y cargando con las consecuencias de no alimentarse adecuadamente.

Los nutricionistas aconsejan un desayuno sólido, con frutas o jugos de frutas, huevos, leche o queso, además de pan o mermeladas; porque sus aportes son una buena ayuda para comenzar el día, en lugar de una taza de café tomada a toda prisa.

El café es un estimulante, no es nocivo en pocas cantidades, pero tiene la capacidad de provocar problemas del ritmo cardíaco, si se toma en grandes cantidades.

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