Los receptores del cuerpo humano actúan como captadores de información y permiten que los individuos no se mantengan aislados de su entorno. El sistema nervioso de la vida de relación se organiza alrededor de los receptores de los cinco sentidos del organismo, favoreciendo la recepción de mensajes por medio del tacto, el gusto, el olfato, la vista y los oídos.

Las investigaciones científicas demuestran que con respecto al tacto, los corpúsculos sensoriales están situados en el espesor de la piel.

Existen tres clases, responsables de la sensibilidad a la presión (el tacto), de la sensibilidad al calor (o termosensibilidad) y de la sensibilidad al dolor. Sus corpúsculos responsables de la sensibilidad al dolor se estimulan a través de productos químicos fabricados por las células, que sufren cuando se ven privadas de oxígeno, por la falta de irrigación sanguínea, como la angina de pecho o el infarto.

Los nervios y sus funciones en el organismo humano

Los análisis científicos revelan que el olfato de uno de los principales sentidos del organismo humano.

En este caso, los olores se transmiten al cerebro por medio del nervio olfativo, cuyos receptores están situados en las fosas nasales.

El gusto también se origina en las papilas gustativas, dispuestas en forma de “v”, en la base de la lengua. Mientras, el equilibrio está regulado por el cerebro, cuyos receptores están situados tanto en el vestíbulo, que forma parte del oído interno, como el los músculos y los tendones.

Por lo demás, las informaciones visuales son muy útiles para el llamado “sexto sentido”.

El sistema neurovegetativo comprende las terminaciones nerviosas situadas en los vasos sanguíneos, que perciben las variaciones de la tensión arterial. Igualmente, tiene receptores que controlan la saturación del tubo digestivo y la hidratación de las células.

El sistema nervioso de la vida de relación: sentir y actuar

El sistema nervioso de la vida de relación gobierna las sensaciones, pero también las acciones en actos voluntarios o involuntarios. En el acto voluntario, es el cerebro el que recoge las sensaciones, las interpreta y da orden a los músculos estriados, que están bajo su dependencia.

En el acto reflejo el cerebro no interviene. El músculo estimulado recibe orden directamente de la médula. Un ejemplo de este actuar involuntario, se encuentra en el reflejo tan conocido de estirar la pierna, cuando el médico golpea ligeramente la rótula con el martillo o el de la persona dormida, que es capaz de espantar una mosca apenas se posa en su rostro.

En ambos casos, la información transmitida por el nervio sensitivo llega hasta le médula espinal, de donde parte inmediatamente la orden destinada al músculo. Con mucha frecuencia, los reflejos son movimientos condicionados cuando la información llega al cerebro.

Los nervios sensitivos de la vida de relación van a dar a la médula espinal, a través de la cual llegan al cerebro. Los nervios motores descienden por la misma ruta, saliendo de la médula y de las vértebras que la protegen, a la altura de los músculos que la están gobernando.

¡No te pierdas nuestra pagina de Facebook!!