La connotación de la Real Academia Española sobre la melomanía no es positiva: "Amor desordenado a la música". Y claro, así lo ha sido siempre para mí. ¿Cómo explicar tanto amor por la música junto a una incapacidad absoluta para aprenderla y ejecutarla? Siempre he dicho que debo desafinar hasta cuando toco la puerta, ¡Ahh!.. Pero el amor siempre estuvo ahí.

Por alguna razón que no logro explicar, en la casa de mis papás cuando era niño no había una radio a la mano donde yo pudiera oír las canciones de moda, digamos que en mi casa no había música. La única fuente para mi infantil melomanía era la televisión. Una admiral grande en blanco y negro, una amiga que en no pocas ocasiones me ofreció inolvidables descubrimientos y tardes de regocijo.

Fue así como me topé a Jorge Negrete, Pedro Infante, Carlos Gardel y otros grandísimos. Yo los absorbía en mi memoria y luego por mis correrías callejeriles de infante canturreaba torpemente partes de sus canciones. Cada uno de esos momentos los tengo en una galería principalísima de mi memoria, a un lado de la de mis amores y próxima a la de mis mejores momentos en la vida.

Cuando descubrí a José José

Y es una ocasión en particular la que más hondo sentimiento me provoca. El año, #1970, 25 de marzo para mayor precisión. Me enteraría de esa fecha exacta no hace mucho. Yo, pocos meses atrás había cumplido 6 años. Seguramente regresaba de la calle después de una sesión extenuante de fútbol, una tarde de ensueño de Cd. Anáhuac, Chihuahua, con esos horizontes naranjas de primavera incipiente, y en un mundo alejado de dificultades y preocupaciones.

Pasaba yo cerca del aparato y de pronto escuché "... de México canta El Triste... José José...". Me detuve en ese momento, y la orquestación me atrapó desde un principio, parecía el inicio de una suerte de fanfarria de algún superhéroe de caricatura japonés, de las que yo veía arrobado tan cerca de la pantalla, tanto que mi papá me decía que me iba a quedar ciego.

Se imaginarán que a esa edad mi experiencia romántica era nula, a no ser por mis enrojecimientos de cara cuando estaba cerca de cierta niña en los juegos del recreo. Pero de cualquier manera, era ignorante absoluto de que pudiera causar tristeza decirle adiós a alguien. Y mucho menos que en el asunto ¡pudiera estar involucrada una golondrina! Y más que la golondrina ¡tuviera que hacer maletas! Desde luego, mi mente de pequeño no intuía aún lo que era una metáfora.

No obstante mi escaso conocimiento sobre el amor, que no fuera hacia tus padres o a tu mascota, la música y la interpretación de José José me trasladó a otro lugar.

Un lugar de éxtasis, de éxito, de apoteosis. ¡Claro! No conocía las palabras, pero sí supe en ese momento de las sensaciones. Y luego, comprobé que mientras levantaba esas notas había un público aplaudiendo rabiosamente, y que incluso lo hacían otros artistas que conocía de la misma pantalla, y que le aventaban flores al artista y a su garganta prodigiosa justo cuando ya presagiaba el final, con mares que se retiraban y con hipotéticos colores que se convertían en grises (repito, la tele era blanco y negro!). Yo ni siquiera parpadeaba ¿Qué cosa puede provocar semejante canción tan llena de emociones tan impactantes y desconocidas? ¡HOY TODO ES SOLEDAD!, y yo me imaginaba que mi superhéroe tenía que luchar denodadamente por ese lucero azul que le arrancaron de las manos, que seguramente había caído en las de un terrible villano. Yo, a esas alturas de la canción, ya estaba en la luna, imaginándome cómo podría uno ayudarse a vivir, recuperar el lucero azul, hacer que los mares regresaran y encima que el gris mágicamente se convirtiera en un arcoiris de colores fulgurantes.

El final, fue verdaderamente apoteósico, Yo terminé extenuado y el público presente explotó. Se volvió loco después de haber presenciado la ejecución magistral de José José y esa enorme orquesta. Años después me enteraría que el autor del rolón era Roberto Cantoral, el mismo autor de El Reloj, La Barca y Noche no te vayas, y un trancazo de canciones más. La canción no la volví a escuchar hasta años después. Mientras tanto, durante ese tiempo, yo la seguí canturreando hasta donde podía recordar. Todavía hoy, que es posible acceder rápidamente a ese momento, me despacho oyéndola. (Aquí el LINK)

Hoy, mi librería de Itunes tiene más 30,000 canciones (además de Spotify y Apple Music) y yo despierto, como, trabajo y duermo con mis canciones. Y con mis canciones acompaño a mi familia y cuando se puede a mis amigos. Emilio mi hijo mayor toca excelente la guitarra y Mauricio es un mago con la batería y los bongos, así que afortunadamente no heredaron mi apoplejía musical. Y así voy por la vida, construyendo mis momentos con canciones, porque, ¿qué es la vida? Sino una alta pared con ladrillos como recuerdos.

Pues ahí les dejo ese ladrillo junto con mi honra. Saludos. #josejose #eltriste