Deberíamos comenzar la crítica de la nueva entrega de ‘Pequeños Gigantes’ con la pregunta que debimos hacernos también las veces anteriores: ¿Dónde esta el DIF de la ciudad de México y las trabajadoras sociales tomando el caso de niños siendo empleados en un programa de televisión?, particularmente si este es de pésimo gusto como lo es el de la televisora de “Las Estrellas”.

Igual es malo

Por otro lado, y si logramos pasar por alto las pesadas horas de ensayo a las que seguramente están sometidos estos pequeños, sigue dando este show mucho de qué hablar. Olvídese usted del penoso recurso de utilizar a infantes con alguna simpatía para obtener televidentes o dinero, sigue un espectáculo paupérrimo y lamentable.

No hablamos por supuesto de los pequeños que con la ilusión de triunfar en la televisión noche tras noche, sino del circo que en torno a ellos se monta.

Abriendo los ojos

Si recordamos la primera temporada, seguramente con la sorpresa del primer encuentro, nos damos cuenta que el sabor es distinto, es decir, puede que hasta nos gustara y/o arrancara una sonrisa ocasional provocada por la ternura de niño que no saben, son carne de cañón, y que posiblemente sean más poderosas las secuelas emocionales negativas, que el dinero o fama que puedan cobrar, o diga usted, ¿de esas dos primeras generaciones queda alguien vigente?, probablemente aquel pequeño de la segunda temporada cuyo nombre escapa a los recuerdos próximos y quien solo le faltó morir en el escenario, lo haya hecho ya y nadie, absolutamente nadie de quienes rieron (hoy se entiende, con obscenidad) lo recuerden.

Vídeos destacados del día

Con un panel compuesto por viejos lobos de mar como el ‘Flaco’ Ibáñez y otros de quien francamente nos preguntamos cómo llegaron ahí, como es el caso de el reguetonero [VIDEO] ‘Nacho’, los pequeños hacen alarde de sus talentos o gracias. Amen de Bianca Marroquin que parece tener ganas de venir a arrastrar el prestigio.

Mal ejemplo

Los espectáculos son lastimeros y de muy poca calidad, y quizá, sea las ejecuciones dancísticas las únicas que se rescaten, ya que sigue siendo honorable la destreza de pequeños de esa edad para tales movimientos. El resto, poco y nada: el canto no es sino voces inmaduras y débiles, y que esto no se debe a otra cosa más que a la pésima guía que están recibiendo, además de lo fuera de lugar que luce un niño que apenas entiende la diferencia entre géneros entonando canciones de despecho, y con movimientos sugerentes que lo único que logran es distorsionar la realidad de los otros pequeños del otro lado de la televisión, ya de por sí bastante fracturada.

Al circo, se suman los pequeños, o los suman, con diálogos simplones y de refilón coronados con comentarios a manera de chiste que ya nadie hace reír de siempre talentoso (dicho esto con verdad) ‘Albertano’.

La botonera, la sección donde los pequeños contestan preguntas random ya no rescata el programa, por el contrario se convierte cuestionario angustiante que solo refleja los traumas existenciales de los padres en los hijos.

Cumpliendo la cuota xenófoba de esta temporada, se encuentra el siempre querido ‘Lupe Esparza’ y aunque a mucho nos agrada su presencia y el repunte que éste ha tenido con ‘Bronco’ solo ha servido precisamente para que todos ataquen al ‘naco’.

Todo mal

Mal la elección de canciones, mal la escenografía, donde parecieran querer montar una escenario digno de los mismísimos premios Oscar y solo consiguen el fondo de una cantina de la zona rosa. Mal el vestuario y la conducción de Galilea, quien de la espontaneidad de la primera temporada, y el humor involuntario, pasó a una constante y desesperada búsqueda de sollozos y chistes de pastelazo bastante patético.

En general el show que robara corazones y enternecía a todos hace algunos años, dejo de ser ese espacio para dejar correr las ultimas horas del domingo con una sonrisa, para convertirse en una medida desesperada para reconquistar la atención del publico que esta pendiente con el estreno de Junior Masterchef del otro lado de la avenida. ‘Pequeños Gigantes’ un show pronto y bastante cutre.