Desde la Garita de Otay, en Tijuana, se observan los ocho prototipos del muro de Trump. El presidente de los Estados Unidos no ha dejado de asegurar que la frontera quedará cerrada y que México pagará por ello. Pero, ¿puede él realmente que esa labor titánica salga de sus discursos para materializarse?

La división fronteriza por medio de una muralla infranqueable es tan chabacana para muchos pero tan vieja como la humanidad misma y en eso radica su peligro. Gobernantes a lo largo del tiempo han creído y asegurado que el poner una división física entre ellos y los invasores los protegerá por el simple hecho de ser.

Desde la Gran Muralla China hasta las historias de la Virgen de la Almudena, Berlín, Palestina (esta traducida como encierro del enemigo).

Trump construye el muro desde su necedad

Ya sea por un espíritu propagandístico, por promesas de campaña estruendosas; por mantener una posición ante sus antagonistas o por haber hecho un pacto con su ego, Donald Trump desde su soledad ha recurrido a la magnificencia de una obra para subrayar la autoridad a la que por la vía política no puede acceder; dando por sentado que la materialización parcial o total del Muro, lo dejarán en el centro del debate, con decisión dividida en la opinión del público; con la posibilidad de defenderse sea cual fuere el resultado político o económico.

Por atender a la historia, a sus ojos Trump no puede ser catalogado como loco, a pesar de estar desfasado en ideas y formas. Pero en lo que no ha reparado es que la concreción del muro no es solo de piedras sobre piedras. Construirlo implica un despliegue tecnológico y logístico que tendrá que ser mantenido y conservado.

Si la casita a construir será rodeada por un jardín de mil metros, habrá que preocuparse por la poda, no por los ladrillos.

Las características ocultas del Muro

Sensores, videovigilancia, tecnología aplicada a la seguridad, personal capacitado, mantenimiento y renovación del equipo al ritmo del upgrade de las nuevas tecnologías, convivirán con la especialización de los tratantes, con corruptelas, con las historias conmovedoras de atrapados entre coyotes y migra, con nuevas rutas y sacrificados de prueba y error, así como demás imprevistos que ocho años (pensando en su reelección), serán insuficientes para ser entendidos como fenómeno.

El muro se materializará por muy distinta que sea su extensión a su amenaza original, que no quepa duda de eso, pero ese no es el problema; lo es el saber si será un proyecto viable de costear para las futuras administraciones y si estas le darán continuidad al ser además una obra de intolerancia. “Los grandes imperios no son mantenidos por la timidez” diría un Tácito de palabras perdurables, contrario a la realidad del Imperio Romano, que no duró para siempre.

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