Un nuevo estudio publicado esta semana en la revista Psicología Naturaleza Molecular proporciona una refutación oportuna a las acusaciones hechas por el presidente Trump y otros, como consecuencia de los disparos de masas, o que los juegos violentos están causando el caos en la vida real. Entonces, el estudio mostró cómo los videojuegos violentos no hacen a las personas "monstruos" en realidad.

El estudio de los videojuegos violentos

Investigadores alemanes han reclutado tres grupos de voluntarios sanos, que no son videojugadores. Específicamente, las personas utilizadas para el estudio fueron 77. Al principio, cada grupo recibió una serie de cuestionarios y evaluaciones de su personalidad.

Luego, durante los siguientes dos meses, a un grupo se le dijo que jugara Grand Theft Auto V todos los días durante 30 minutos, el último episodio de la serie GTA con más de 30 armas, mientras que a otro se le encomendó jugar. Juego de los Sims 3. En el último grupo, simplemente le dijeron que volviera dos meses después para un segundo control, lo cual también harían los otros dos grupos.

Dentro de los grupos, los investigadores no encontraron diferencias significativas en el nivel de agresividad de los voluntarios entre antes y después de que comenzaron a jugar. Lo mismo ocurrió con su empatía, control de los impulsos, ansiedad y depresión.

"La muestra analizada es pequeña, pero está bien hecha y es única en su exposición a largo plazo", dijo Chris Ferguson, profesor de psicología en la Universidad de Stetson en Florida, que estudia cómo los videojuegos afectan a la sociedad.

"Hemos escuchado a algunas personas decir que los efectos deberían surgir con el tiempo, pero este estudio contradice esta afirmación", agregó Ferguson. "Creo que esta es una evidencia importante que debería ayudarnos a repensar nuestras creencias de que los videojuegos violentos pueden afectar la agresión".

Este es solo uno de los muchos estudios realizados en los últimos años que muestran cómo el carácter de una persona no se ve influenciado positiva o negativamente por el uso de cierto tipo de videojuegos [VIDEO].

Esto, por supuesto, no será suficiente para silenciar esas voces que afirman lo contrario, pero al menos hay una base científica sobre la cual reflexionar, como la prueba de la que hablamos ahora.

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