Dr Mono y los niños políglotas

El lunes a las 10 de la mañana salimos del Hotel Mercure con la misión de aprovechar la tarde.

Al medio día con el calor en su apogeo y una sensación térmica de "necesito unos calzones con teflón" llegamos a Batuan. El detalle con el que están realizadas las esculturas de los templos es simple y sencillamente impresionante. Al frente del recinto, un señor muy amable renta faldas multicolores porque es requisito vestir de manera apropiada, para mostrar respeto al templo y además se prohibe estrictamente el acceso a las mujeres en los días de su ciclo de menstruación.

(¡no quiero imaginar como verifican que esta medida se cumpla!).

La segunda parada: Ubud. Si has de comprar artesanías, que sea en Ubud; tienen adornos en madera, café refinado en el aparato digestivo de cibetas cautivas, budas y camisetas. Recorrí los caminos de arroz y fuí abordado por una niña muy simpática que al ver mi camiseta (de las Chivas) me preguntó por mi procedencia. "Im from Mexico" dije; a lo que ella respondió "México.

Hola amigo, compra barato, yo vender". Le compré dos juegos de postales. Le dije que la admiro mucho y en compañìa de sus amigos aceptó tomarse una foto conmigo. Esa niña con menos de 10 años saluda y vende en indonés, inglés y español. Ojala cuando tenga hijos sean tan inteligentes y emprendedores como ella.

El templo de los monos fue diversión caótica. Mis amigas de NY, Molinka e Ingrid fueron asaltadas por un mono malandrín al ser incapaces de disimular la presencia de una penca de platanitos.

A los pocos minutos de nuestra llegada comenzó una lluvia que a pesar de ser ligera nos obligo a buscar resguardo. Vimos algunos templos que permanecen cerrados al público, el cementerio de los monos, un kiosko en cuyo techo dormía pequeños murcielagos. Familias de monos en todas las actitudes posibles, jugando con los turistas, peleando y algunos muy entretenidos en su ritual de acicalarse comiendo los piojos del compañero.

Llegarón los refuerzos

Hicimos una escala rápida para comer en el camino de vuelta al hotel. Me sirvieron arroz blanco, ensalada y unas brochetas de pato con salsa de cacahuate. (Deliciosos) Me estaba sintiendo Anthony Bourdain mientras me tomaba una cerveza Anker cuando el chofer nos aviso que teniamos que irnos.

Durante la cena de bienvenida conocimos de Japón a Hiro y su esposa originaria de Yakarta, Narpen; a Stewart y Fionna (también esposos) de Australia, a Dhanada de La India y a Don de Filipinas.

Los organizadores nos entregaron el kit mochila y nos indicaron que la mañana siguiente viajaríamos a Labuan Bajo y la isla de Rinka. Mi limitado inglés no impidió que hiciera un chiste sobre la visita y todos nos fuimos de muy buen humor.

Esa noche, de camino a lo que en Bali sería un Oxxo, acompañamos a Dhanada a comprar un traje de baño en una tienda outlet para surfers y los vendedores estaban escuchando punk californiano. Ahora me arrepiento de no haber comprado un libro sobre el templo Ulu Watu.

Casi no dormí esa noche.

Guilligan y La Puerta De Los Dragones

Cuando subimos al bote rápido que nos llevó a la isla Rinka, Laurie me indicó con una sonrisa "Gilligans Island" y es que sin darme cuenta estaba silbando la tonada de la antigua serie de TV. A lo mejor fue por el gorrito que nos regalaron que sin duda se parece mucho al que usaba Bob Denver.

A diferencia de Jurasic Park el Parque Nacional de Komodo (que comprende tres islas) no está enrejado, no tiene "taquilla" y es bastante árido. En medio de la nada, franqueando un camino de tierra hay dos enormes dragones de Komodo esculpidos en piedra irguiendose hacia el cielo.

Algo dentro de mi sabía que como el cuento de Kafka, esa era mi puerta.

Los ví tantas veces en Animal Planet, tantas noches soñe con como sería estar frente a frente con ellos caminando hacia mi y devorando el cadáver de un búfalo.

En el siguiente post. Dragones, fiesta y el regreso a la realidad.

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