Benito Juárez y una historia salpicada de mentiras

La historia no es una ciencia exacta. Inicia su deformación a partir de que se genera

Se cuenta que el conductor de una orquesta sinfónica, en plena función notó que el encargado de los timbales ejecutaba fuera de tiempo. Dicho músico se ubicaba en la parte más lejana con respecto al director. Mediaban entre ellos los primeros y segundos violines, las violas, las flautas, los oboes, etc.

Con mucho sigilo pretendió enviarle un mensaje acercándose al primer violín diciéndole “que se avise al timbal que acelere acorde a mis instrucciones”. Luego el primer violín buscó al segundo a sus espaldas y con ofuscación advirtió “dile al del timbal que no sea imbécil, que preste atención”.

Conforme el mensaje avanzó, al final el destinatario furioso escuchó “que dice el director que agarres tu pinche tambor y te vayas cuanto antes al carajo”.

A veces caigo en cuenta que situaciones como la antes descrita suceden en los ámbitos de la política y la historia. En el primer caso, quienes se dicen socialistas haciendo alusión a Marx o a Engels, vomitan pestes en contra de los según ellos corruptos neoliberales o del centro. Igual no faltan amigos del capitalismo que gozan lanzar diatribas a efecto de exhibir las pifias de sus contrincantes.

Pienso que en el caso de la historia pasa lo mismo apenas la misma se empieza a hacer presente y según la interpretación de quienes la narran. Al punto que mientras más años de antigüedad arrastra un acontecimiento más deformación va denotando.

Ejemplo: según la historia oficial de México, Don Benito Juárez García viene a ser algo así como la columna vertebral de nuestro devenir a partir de su nacimiento. Y cuidado si algún “historiador” (así, con comillas) contratado para exhibir a dicho personaje se atreve a exponer cualquier comentario que vaya en detrimento de la imagen de aquel que en una buena parte de su vida fue todo un rufián.

Juárez en la practica fue un usurpador, traidor y dictador. Después de renunciar como presidente Ignacio Comonfort, Juárez que actuaba como presidente de la Suprema Corte de Justicia y de acuerdo a la constitución vigente, tenía la obligación de asumir la presidencia del país con carácter provisional y de inmediato convocar a nuevas elecciones ¿Cumplió…? Por supuesto que no y de ahí en adelante siempre manejó artimañas a efecto de perpetuarse en el poder casi 16 años con el aval del congreso en turno.

¿Por qué traidor? véase el proyecto del Tratado McLane-Ocampo en base al cual y a cambio del apoyo de USA para combatir a los franceses, Juárez comprometió parte de la Baja California, el estado de Sonora y el libre paso de los norteamericanos por la frontera al norte y por el Istmo de Tehuantepec.

Si a lo anterior añadimos más del 50 por ciento de nuestro territorio vendido por Santa Anna a nuestros vecinos, hagamos cuentas. El tratado referido gracias a Abraham Lincoln no se ratificó luego de enfrentarse a su congreso con un ¡ya basta de abusar de México!

Todo lo anterior es apenas un ejemplo de una de las peores desgracias que afectan a nuestro país y que está en la falta de una auténtica plataforma de #Educación de calidad masiva.

Los mexicanos en su mayoría no son afectos a leer más allá de lo vulgar y del amarillismo. De aquí entonces que sus pobres conocimientos provengan de lo impuesto por una historia oficial que manipula a quien la consulta o a quien como estudiante se ve precisado a aceptar.

En nuestro país la real historia está ausente. Se exhibe según el interés y el estado de ánimo de quienes la escriben.